Ghost y Slayer en Paraguay: la noche encendida

Ghost y Slayer hicieron una previa excelente al concierto de Iron Maiden en la noche del domingo, con estilos muy distintos pero ambos bañados de fuerza.

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La tarde del domingo, finalmente, había llegado. Una fecha marcada en el calendario de no pocos miles de fans del país y de la región para asistir al Jockey Club del Paraguay, donde bandas como Ghost, Slayer y Iron Maiden se cruzarían en un mismo espectáculo.

Una fila que parecía no tener fin todavía ingresaba al Jockey Club del Paraguay, mientras un grupo importante de fans que acampara en la misma zona aguardaba en quietud ansiosa esa misteriosa llama a la que llaman música.

Si bien llegaron a Paraguay en calidad de bandas invitadas encargadas de hacer el preámbulo al esperado concierto de la legendaria banda británica Iron Maiden, Ghost y Slayer están mucho más allá de ser simples teloneros. La primera es una joven banda de Suecia en ascenso y cada vez con más fans, y la segunda es nada menos que una de las “cuatro grandes” agrupaciones históricas del thrash metal.

Ghost fue la primera banda en salir al escenario en la histórica noche del domingo, en el Jockey Club de Asunción, donde miles de fans del metal se congregaban y seguían llegando con cada minuto que pasaba, lentamente colmando el recinto.

Una cortina roja con el nombre de la banda servía de fondo mientras los anónimos, enmascarados y encapuchados músicos del grupo comenzaban a tocar, y el vocalista, identificado como Papa Emeritus II -con la cara maquillada como una calavera y vestido como una versión oscura de un cardenal de la Iglesia Católica-, entonaba sus primeras estrofas.

El grupo sueco presentó un breve pero poderoso repertorio que incluyó canciones como “Infestissumam” o “Prime mover”, con un cantante de voz inusualmente suave para los estándares del género y unas guitarras que llenaban de energía y adrenalina cada canción; Papa Emeritus II se mostró además sorprendentemente fluido en su manejo del español, hablando con el público sin demasiada dificultad.

El público se entregó a los suecos enmascarados, coreando al son de canciones como “Year zero” o “Ritual”, y acompañando el ritmo con las palmas la interpretación de “Monstrance clock”, con el que el grupo cerró en poco más de media hora su show.

Para entonces el frío viento ya comenzaba a soplar con cierta fuerza, y las nubes en el cielo parecían amenazar con una inminente lluvia que, sin embargo, jamás llegó. Durante la espera entre bandas, el público festejaba con emoción, coreando como si desafiaran a las nubes a que se atrevieran a echarles agua encima.

No pasó mucho tiempo para que el telón oscuro con el nombre de la siguiente banda se alzara en el escenario, y finalmente, minutos antes de las 19:40, llegaba el turno de que Tom Araya y sus compañeros de Slayer subieran al escenario.

Luego de una introducción instrumental extendida, la banda dio inicio al show con “World painted blood”, acelerando el ritmo de la maratónica jornada de metal con una melodía frenética que contrastaba con las canciones más ceremoniosas y elaboradas de Ghost. El público explotó en vítores; algunos parecían aún no asimilar lo que veían; había cierto dejo de incredulidad y sorpresa en sus expresiones. Entre un agitado "Olé, olé, olé, olé", el fuego de la noche apenas se encendía.

Sirguieron “Disciple” y “War ensemble”, para volver al público un mar de cabezas sacudidas, mientras que “Mandatory suicide” continuó el show con gran energía; Araya gritaba su furia entre sorprendentes solos de guitarra en “Hallowed point”, con el público recompensándoselo con cánticos. “Siento el amor”, confesó Araya a sus seguidores. Las cabezas sacudidas parecían anunciar un tsunami sonoro, entre luces mezcladas con humo, que cambiaban de color.

El escenario se tiñó de rojo y el sonido se volvió ligeramente más trabajado, menos crudo y violento con “Dead skin mask” y “Hate worldwide”, mientras que una introducción instrumental con guitarra abría el icónico tema de la banda “Seasons in the abyss”, con un sonido siempre más ornamentado, pero sin dejar de lado la potencia cruda que caracteriza a Slayer.

La estridente melodía de un solo de guitarra se apoderaba de la noche, mientras el vocalista colocaba una bandera paraguaya encima de un pedestal.

El público estalló cuando una cortina negra con el nombre “Hanneman” cubrió el fondo del escenario a modo de emblema, en homenaje al guitarrista Jeff Hanneman, miembro de Slayer fallecido hace unos meses debido a un caso de cirrosis.

Con la presencia de Hanneman en las pantallas gigantes, el espectáculo continuó con “South of Heaven”, con el público coreando con los “riffs” de guitarra y saltando a cada instante. La audiencia volvería a estallar con “Raining blood”, entregándose a los pogos que surgían.

Finalmente, la banda estadounidense puso punto final a su presentación con la infaltable “Angel of death”, con imágenes de la agrupación en pantalla, cerrando de esta forma la que fuera su primera -y celebrada- presentación en Paraguay.