Perales conquista con calma y poesía

Nuevo disco, mismo arte. El inspirado cantautor español regresó al Paraguay para emocionar, una vez más, con clásicos de su repertorio y su nuevo álbum, “Calma” (2016).

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Solo un año ocho meses atrás se presentaba en el Centro de Convenciones de la Conmebol, todavía promocionando su anterior trabajo, Calle soledad (2012). El escenario fue el mismo -también para el mismo público- en la agradable noche del sábado, oportunidad en la que el poeta volvió a generar suspiros, algún que otro grito furioso y muchos recuerdos.

Con una voz intacta a sus 71 años, el legendario artista salió al escenario para regalar sus canciones de hoy y de ayer... y seguramente del mañana. Y me marché contigo y Me llamas sirvieron de apertura, alrededor de las 21:50. “Muchas gracias, una vez más. Estoy feliz de cantar para vosotros. Vamos a presentar canciones nuevas, del nuevo trabajo mío y canciones de las queréis escuchar”, prometió.

La promesa fue un hecho minutos después, luego de que entregara creaciones como En un banco de la calle, Al otro lado de las montañas y Si pudiera. “Vivimos tiempos estresantes para todo el mundo”, declaró sobre la actualidad mundial, antes de criticar la “esclavitud de los móviles”. “Uno va a los restaurantes y vemos gente que solo cena”, mencionó, generando aprobación plena en el auditorio. Era momento, al fin, para el estreno central: Calma, canción que da título a su nuevo material, y que invita a esa reflexión.

Los aplausos se repetían, una y otra vez, en pasajes como Canción de otoño, A más de mil kilómetros de ti, El reencuentro, Tiempo de amor y la aclamada Amada mía. La ternura le ganó al romanticismo durante la Canción de Guillermo, dedicada a su nieto. “De las palabras más hermosas que nunca me hayan dicho: esa palabra es abuelo”, aseguró.

El recorrido emotivo fue mayor con versos como los de Celos de mi guitarra, Le llamaban loca, América y, ni hablar, una de sus más grandes creaciones a nivel mundial, ¿Y cómo es él? Los gritos iban y volvían. Porque los más de sesenta años de sus incondicionales no eran excusa para el reencuentro musical bañado de encanto, entusiasmo y furor.

De entre sus más de 500 canciones registradas, el cierre no podía ser mejor. Todo estaba calculado para la explosión, porque con Te quiero y Un velero llamado libertad la despedida parecía pesar un poco menos. Después de todo, la noche llegaba a su fin... pero la poesía y la calma ya no eran la misma para nadie.