¿Debe uno interferir en la educación de los hijos de otros?

Ya sea en la caja del supermercado, en el tren o en el patio de recreo, si un niño desconocido se comporta mal y tal vez incluso reacciona con descaro ante su madre o su padre, a uno puede que le guste intervenir y decirle algo. Existe la creencia de que eso incluso podría ayudar a los padres.

Aunque a una persona le puede apetecer echarle la bronca al hijo de un vecino o dar algún tipo de consejo a los padres, no hay que dejarse llevar por ese impulso.
Aunque a una persona le puede apetecer echarle la bronca al hijo de un vecino o dar algún tipo de consejo a los padres, no hay que dejarse llevar por ese impulso.DPA

Sin embargo, “es poco probable que unos padres lancen una mirada de socorro a un extraño”, apunta la experta en crianza alemana Nicola Schmidt, autora de éxitos editoriales como “Erziehen ohne Schimpfen” (Educar Sin Regañar).

Ella misma ha experimentado en carne propia que una interferencia bien intencionada suele ser contraproducente. “Esa situación acaba sometiendo  a los padres a un estrés adicional y el niño tiene que afrontar esa situación cuando esa persona foránea se ha ido”, señala Schmidt en base a su propia experiencia.

Aunque a una persona le puede apetecer echarle la bronca al hijo de un vecino o dar algún tipo de consejo a los padres, no hay que dejarse llevar por ese impulso.

La propia Schmidt, madre de dos hijos, lo tiene muy claro: “¡Nada de consejos sin que se hayan pedido antes!”. Por difícil que pueda resultar, es mejor hacer caso al dicho “en boca cerrada no entran moscas”.

No obstante, Nicola Schmidt sí tiene un consejo que dar. “Suele funcionar bastante que un niño reprenda a otro por su actitud. Esa regañina hace maravillas”, asegura.

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