Expectativas

Muchos seres humanos viven quiebres en sus relaciones porque esperan que la contraparte sea de una manera distinta. Cuando escucho historias de vínculos en crisis casi siempre escucho reclamos o frustraciones porque el otro o la otra no es como creíamos o como soñábamos.

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Las expectativas están formadas mediante suposiciones, acerca de lo que creemos que tendría que ser, en base a lo que nos han enseñado y hemos aprendido. Muchas veces las expectativas se alejan de la realidad y nos encontramos de lleno con la frustración.

Es inevitable tener expectativas acerca de algo o de alguien. Es un proceso casi automático de nuestra mente. Incluso la imagen que hemos creado de nosotros mismos está cargada de expectativas de nuestros padres, amigos, pareja y etcétera.

Tener que ser una buena madre, una persona siempre alegre, tener que siempre brillar en todo...pueden ser imposiciones que nos hemos creído que “hay que cumplir” por mandatos y expectativas ajenas que se nos han proyectado.

¿Qué sucede cuando salimos de lo que se supone que se espera de nosotros? Aparece la frustración de las personas que nos han visto siempre siendo buenos, siendo pura sonrisa, pura responsabilidad. Cuando no respondemos entonces a lo “predecible” nuestras relaciones cambian y nos podemos sentir culpables por defraudar a quienes nos valoran y quieren.

Liberarnos de las expectativas que los demás tienen hacia nosotros es un una tarea que requiere de mucho valor. Si además logramos entender que no hemos fracasado y que la decepción y la frustración es de los demás, habremos aprendido además que no podemos vivir constantemente cumpliendo expectativas ajenas. También podemos desarrollar espacios de conversación sobre las expectativas que tenemos o convertirlas en pedidos y expresarlos en primera persona del singular.

Yo espero que seas más puntual en nuestras reuniones y te quiero preguntar si eso es posible para vos. Yo tengo la necesidad de que seas más cariñosa cuando estamos en la intimidad. Yo te pido que cuando estamos frente a nuestros hijos me escuches sin interrumpirme.

Las expectativas no declaradas son el pasaporte directo a nuestra propia frustración.

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