En verano, mantener el termostato entre 24 °C y 26 °C suele ser suficiente para la mayoría de los espacios habitados. Subir un grado puede reducir el consumo de energía en torno al 5–7% respecto de los ajustes más fríos.
Evitar el “modo frío extremo” al encenderlo también ayuda: los aparatos enfrían a la misma velocidad sin importar qué tan baja sea la temperatura seleccionada; lo que sí cambia es cuánto trabajan de más y cuánto gastan.
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Si el equipo lo permite, el “modo seco” puede mejorar el confort en jornadas húmedas sin bajar tanto la temperatura, porque prioriza la deshumidificación. En días moderados, combinar el aire con ventiladores de techo permite subir uno o dos grados el termostato sin perder sensación de frescor gracias al efecto de movimiento de aire.
Mantenimiento: lo básico que evita fallas costosas
Un equipo eficiente depende de una buena ventilación y de que todos sus componentes se mantengan limpios. La clave está en seguir una rutina mínima de cuidados. Los filtros, por ejemplo, deben limpiarse o reemplazarse cada 30 a 60 días durante la temporada de mayor uso.
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Si estos filtros se ensucian demasiado, el compresor se ve obligado a trabajar más, lo que no solo incrementa el consumo energético, sino que también empeora notablemente la calidad del aire que se respira.
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En cuanto a los intercambiadores, tanto el evaporador como el condensador, es fundamental retirar el polvo y las pelusas acumuladas con un cepillo suave. Si el equipo cuenta con un condensador exterior, además es importante eliminar hojas y suciedad en su entorno, garantizando que haya un espacio libre de entre 60 y 100 centímetros alrededor, para que el aire fluya sin obstrucciones.
Otro punto clave es el drenaje: la bandeja y la manguera de desagüe deben inspeccionarse periódicamente para asegurarse de que no estén taponadas, ya que cualquier obstrucción puede provocar goteos indeseados y la formación de hongos.
Los sellos y el sistema de aislación tampoco deben descuidarse. En los equipos de ventana, es esencial sellar bien cualquier hueco por donde pudiera filtrarse aire caliente del exterior. En los sistemas tipo split, conviene revisar que el aislamiento de las tuberías de refrigerante se mantenga en buenas condiciones.
Por supuesto, ningún mantenimiento doméstico reemplaza la revisión profesional. Una vez al año, un técnico matriculado debe verificar la presión del refrigerante, buscar posibles fugas, comprobar las conexiones eléctricas y calibrar el termostato.
La casa también enfría: reducir la carga térmica
Dicen que el mejor kilovatio es aquel que nunca llegamos a consumir. Y es cierto: mucho antes de exigirle todo a nuestro aire acondicionado, debemos preguntarnos cuánto calor dejamos entrar en nuestros espacios.
Por ejemplo, en los días de verano, notamos que la sala de casa se vuelve un horno desde temprano. Pero si colocamos cortinas blackout en las ventanas, no tardaremos en notar que la temperatura ambiente comienza a ser más tolerable sin siquiera encender el aire.
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Otro punto importante es evitar el uso de fuentes de calor internas durante las horas de mayor calor. Si bien parece imposible renunciar al horno o la plancha por unas horas, hacerlo es suficiente para evitar que varios grados de temperatura se sumen a nuestra batalla diaria contra el calor.
¿Aire acondicionado y ventilador? Así se complementan
Combinar aire acondicionado y ventilador ya no es un derroche, sino una estrategia de eficiencia.

El ventilador ayuda a distribuir el aire frío de forma uniforme y a generar una sensación térmica más baja sobre la piel. Esto permite subir uno o dos grados el termostato del aire acondicionado y reducir hasta un 20% el consumo eléctrico, sobre todo en estancias amplias o con varias personas.
La combinación es recomendable en olas de calor, viviendas mal aisladas y habitaciones donde el equipo de aire no alcanza toda la superficie. Conviene dirigir el ventilador hacia el techo o las paredes para evitar corrientes directas y aprovechar mejor el aire fresco.
No es aconsejable usar solo ventilador con temperaturas extremas o en personas vulnerables, porque no enfría el aire, solo lo mueve. Y siempre es clave ventilar la casa a primera hora para expulsar el calor acumulado.
La piscina como aliada del verano: cómo usarla sin riesgos
Con las olas de calor en aumento, la piscina se consolida como refugio. Pero su uso intensivo exige algunos cuidados básicos para que el descanso no termine en urgencias. La sensación de frescura hace que muchas veces se subestime el sol y la deshidratación.

Los especialistas recomiendan entrar bien hidratado, reaplicar protector solar cada dos horas y siempre al salir del agua. Además, evitar nadar tras comidas copiosas y no perder de vista a los niños, incluso en zonas poco profundas.
También recuerdan ducharse antes y después del baño para reducir infecciones y cuidar la piel.
Convertida en el epicentro social del verano, la piscina puede ser una aliada perfecta si se combina disfrute con prudencia.
La mezcla de aire acondicionado, ventilador y piscina se convierte en el kit de base para un verano top.
