“Son prendas sobrias y versátiles, pero no aburridas”, dice la estilista y experta en comunicación de moda Pepa Fernández, quien añade que “además son políticamente correctas y marcan la diferencia”.
Es práctica y elegante tanto en el vestir femenino como masculino y ocupa un lugar privilegiado entre las prendas que no entienden de modas efímeras.
Thomas Burberry fue el creador de la gabardina. La Primera Guerra Mundial había estallado cuando el empresario textil recibió el encargo de realizar un abrigo ligero e impermeable para que lo pudieran llevar los soldados. Así nació el ‘trench’, trinchera en inglés.
Después de la contienda se popularizó entre los británicos y se convirtió en símbolo de estilo nacional. Sobre esta gabardina construyeron su propio estilo. Actores como Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Audrey Hepburn, Sofía Loren o Catherine Deneuve contribuyeron a su éxito estilístico.
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Asociado a contextos sociales formales, el conjunto de dos piezas se ha ido adaptando a los cambios culturales hasta convertirse en un básico infalible que aúna tradición y vanguardia.
Traje de chaqueta
En el imaginario colectivo, el traje de chaqueta está vinculado al poder, a la autoridad, pero también a elegancia y sobriedad, sobre todo cuando se ha confeccionado con paños naturales y tonos oscuros.
El traje de chaqueta comenzó como una pieza de vestuario masculino hasta que Yves Saint Laurent en 1966 creó el primer traje de chaqueta (esmoquin) para la mujer, rompiendo así las convenciones sociales.
Con los años, se transformó en símbolo de igualdad y hoy es símbolo de empoderamiento y libertad. “Su comodidad y funcionalidad lo convierten en una pieza eterna”, añade Fernández.
Camiseta blanca
Hay pocas prendas más versátiles como una camiseta blanca. No falla en un fondo de armario y en cualquier momento del año. En invierno, debajo de jerséis y cárdigans y con la llegada del buen tiempo como pieza principal. Esta humilde prenda es capaz de resolver un estilismo en cuestión de segundos.
Jane Birkin, en 1974, la combinó con un pantalón vaquero azul y creó su uniforme perfecto, un conjunto que realzó con la mítica cesta de rafia.
Empezó como pieza de ropa interior, pasó a ser habitual entre los soldados de la Segunda Guerra Mundial. Se convirtió en icono definitivo cuando la vistió el actor Marlon Brando en la película ‘A Streetcar Named Desire’ (1951). Dos años después, James Dean asentó la tendencia en ‘Rebel Without a Cause’ y Alain Delon tomaría después el relevo en ‘Rocco e i suoi fratelli’ (1960).
Don Johnson se atrevió a mezclarla con americana en la serie ‘Miami Vice’ y John F. Kennedy la llevó al terreno deportivo. La camiseta blanca, con el paso de los años, ha demostrado su capacidad para adaptarse a los tiempos y convertirse en una prenda refugio.
Faldas de tartán
Faldas de tartán, esas de tela de lana con cuadros o listas cruzadas de diferentes colores que se inspiran en la campiña inglesa. Es la tendencia de vestir que instaló Isabel II en Balmoral y que combinaba con jerséis de lana, las icónicas cazadoras Barbour de algodón encerado y la botas de agua.

‘Little Black Dress’

Pocas piezas hay tan atemporales como el vestido negro, conocido como ‘Little Black Dress’ (LBD), creado por la diseñadora Coco Chanel en 1926.
Esta prenda ha sido termómetro y exponente de la evolución de la moda a lo largo del siglo XX y XXI. Ha pasado de ser símbolo del vestir de las clases altas a convertirse en el comodín de todos los armarios independientemente del poder adquisitivo.
Con falda corta, midi o larga, siempre ha sido popular gracias a su versatilidad. “Nunca se está demasiado arreglada o mal vestida con un vestido negro”, decía el diseñador Karl Lagerfeld.
Su diseño original era un vestido negro sencillo, con largo a la rodilla, con un elegante cuello y mangas largas, una creación que diseñadores como Christian Dior tildaron de “esencial” en el guardarropa femenino.
Y en este clásico se han inspirado otros creadores como Givenchy para vestir a Audrey Hepburn en ‘Breakfast at Tiffany’s’ o la creadora Christina Stambolian que diseñó ‘El vestido de la venganza’, que Lady Di lució en 1994.
