El remate, que atrajo a postores adinerados ansiosos por símbolos de estatus, superó ampliamente otras asignaciones de la jornada, como la placa '30' por 4,55 millones de dólares hongkoneses (unos 575.200 dólares estadounidenses) o '101' por un millón (127.800 dólares estadounidenses), informaron hoy medios locales.
Estas transacciones evidencian el vigor de un mercado donde la simbología cultural determina valores exorbitantes.
Las autoridades hongkonesas organizan estos eventos desde 1973, diferenciando lotes especiales -seleccionados por su escasez conforme a parámetros precisos- de los corrientes, ambos codiciados por evocar fortuna o distinción personal.
Los compradores pagan primas elevadas para lucir secuencias que, según la tradición, atraen prosperidad o protección.
La inquina hacia el cuatro domina esta iconografía, pues su pronunciación en cantonés y mandarín recuerda a 'muerte', motivo por el cual edificios públicos y privados prescinden de cualquier piso con esa numeración.
Predominan en cambio el ocho, emblema de abundancia, y el nueve, presagio de perdurabilidad, patrones que rigen desde menús de banquetes hasta estrategias corporativas.
Instituciones financieras ejemplifican esta lógica. El Banco de China inauguró su sede local el 8 de agosto de 1988, jornada reputada como la más propicia del siglo, mientras la Bolsa hongkonesa ajustó cotizaciones a cifras como 11.888 para infundir confianza inversora.
Entidades bursátiles reservan identificadores venturosos -3988 para el Banco de China, 1818 para Zhaojin Mining o 1398 para el Banco Industrial y Comercial de China- a cambio de contribuciones filantrópicas.
Tales certámenes, recurrentes en celebraciones tradicionales, reportan ingresos públicos sustanciosos al rentabilizar convenciones ancestrales que conjugan fe popular con una exhibición ostentosa, consolidando las matrículas consideradas auspiciosas como emblemas de opulencia en el perfil urbano del centro financiero.
