"Con mi pescado moquiado hacemos pervivir nuestra historia, parte de nuestra cosmovisión", explica a EFE desde el restaurante parisino Tinka, donde ofreció un menú confeccionado de la remota región amazónica en la que vive, en el departamento de Guaviare y bañada por el río Vaupés.
El 'saber hacer' de la chef -residente en el resguardo de Panuré- viajó por primera vez fuera de las fronteras colombianas. Primero a Barcelona, donde participó en un certamen internacional de cocineras, y luego a la capital francesa.
Allí fue la estrella gastronómica de uno de los locales colombianos de moda, el Tinka, gracias a una iniciativa de diplomacia cultural promovida por la Embajada de Colombia en Francia.
El pescado envuelto en fibras de açaí y pollo enfariñado acompañados por mandioca y ají o chips de tapioca fueron algunos de los platos presentados en París por Meneses, en colaboración con los jóvenes chefs colombianos Esteban Salazar, Juan Pablo Rojas Pineda y la empresaria de la restauración Carina Soto, la descubridora de Meneses.
La cocinera indígena destaca la visión "cultural y artesanal" de sus comidas, que entroncan con la "cosmovisión" del pueblo guanano, basado en la red de relaciones entre humanos, animales y espíritus, todos conectados por el agua y la selva.
"La Amazonía colombiana también existe. Y compartir eso con otros compañeros es algo muy bonito y desde las cocinas estamos tejiendo una historia en el proceso de paz" de Colombia, asevera la chef.
Desde el acuerdo de 2016, los indígenas colombianos reivindican la implementación total de sus derechos territoriales y culturales.
"Hacemos pedagogía de paz en mi cocina -resalta- alzando la voz no solamente de las mujeres, sino también de nuestros jóvenes. Para que quede un legado alto en la Amazonía y en Colombia".
Su región, de hecho, ha sido especialmente golpeada por la violencia armada -ella misma es una desplazada-, pero, desde el inicio del proceso de paz de 2016, una puerta se abrió.
"El turismo se ha disparado mucho", anota Meneses, quien cuenta que pertenece a una de las asociaciones aborígenes firmantes del histórico proceso.
Además de la persistente amenaza de la violencia, la región de Lilia Meneses se enfrenta a una juventud tentada por la drogadicción y la prostitución.
"Es muy duro ver la realidad en las comunidades indígenas y en el resto de los jóvenes", reconoce la cocinera, con un hilo de voz.
Ante ambos fenómenos la cocinera no se ha quedado de brazos cruzados.
El emprendimiento que dirige, La casa de Saberes y Sabores, trabaja con una quincena de jóvenes para brindarles la formación y la oportunidad de trabajar en la gastronomía o la artesanía.
