Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
Que la pareja sea también una amistad profunda puede fortalecer el vínculo, pero convertirla en la única fuente de apoyo, ocio y confianza puede aislar y aumentar el impacto emocional de una ruptura.Shutterstock

Que la pareja sea también una amistad profunda puede fortalecer el vínculo, pero convertirla en la única fuente de apoyo, ocio y confianza puede aislar y aumentar el impacto emocional de una ruptura.

Agregá ABC a Google como fuente preferida en tus búsquedas.

La idea de que la pareja sea, además, la mejor amistad ocupa un lugar central en el imaginario romántico. Confianza, intimidad, admiración y complicidad suelen considerarse señales de una relación sólida. Sin embargo, especialistas consultadas por el medio español El País advierten de un límite relevante: una relación puede resentirse cuando se le exige cubrir, por sí sola, todas las necesidades emocionales, sociales y personales de sus integrantes.

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
El problema no reside en que la pareja sea una figura esencial, sino en que se transforme en la única.

El problema no reside en que la pareja sea una figura esencial, sino en que se transforme en la única. Cuando una persona concentra en el vínculo amoroso la escucha, el consejo, el ocio, la calma emocional y el sentido de pertenencia, la relación puede quedar sometida a una presión difícil de sostener.

Intimidad sin renunciar a otros vínculos

La psicóloga sanitaria y terapeuta de pareja y familia Marta de Prado García sostiene que considerar a la pareja una mejor amiga puede ser una experiencia saludable. En ese tipo de relación hay confianza, deseo de compartir la vida, admiración y una complicidad que va más allá de la atracción inicial.

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
Esperar que una misma persona escuche, consuele, entretenga, aconseje, comparta todos los intereses y responda a cada necesidad de intimidad carga al vínculo con responsabilidades excesivas.

Pero esa cercanía tiene riesgos si deriva en exclusividad afectiva. Según explica la especialista, esperar que una misma persona escuche, consuele, entretenga, aconseje, comparta todos los intereses y responda a cada necesidad de intimidad carga al vínculo con responsabilidades excesivas. También reduce la posibilidad de tomar distancia, pensar la relación con perspectiva o recurrir a otros apoyos en momentos de conflicto.

La diferencia, plantea De Prado, está entre ocupar un lugar importante y convertirse en el único lugar disponible. Una pareja puede ser profundamente íntima sin desplazar las amistades, los intereses propios ni los espacios individuales. Esa combinación, lejos de debilitar la relación, puede hacerla más rica y menos dependiente.

Nerea, de 28 años, describe esa separación como una forma de preservar tanto el vínculo como su identidad personal. Considera que su novio es un amigo y un confidente, pero evita ubicarlo en la categoría de “mejor amigo”, una etiqueta que, a su juicio, puede idealizar la relación y alejar a la persona de su círculo social. No comparte todo con él: hay asuntos que prefiere hablar con sus amigas y experiencias que entiende que ellas pueden comprender desde una cercanía distinta.

La expectativa de que una persona lo resuelva todo

Para la psicoanalista Magdalena Salamanca, existe una tendencia humana a buscar en una sola persona una respuesta integral a las necesidades afectivas. La figura del amor ideal, capaz de completar al otro y ofrecerle todo lo que necesita, puede ser especialmente intensa durante el enamoramiento. Sin embargo, advierte, esa sensación no es permanente.

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
Si no hay otras personas con quienes conversar, contrastar una decisión o procesar un malestar, cualquier tensión dentro de la relación queda encerrada en la propia relación.

La expectativa de plenitud absoluta puede convertir a la pareja en una estructura frágil. Si no hay otras personas con quienes conversar, contrastar una decisión o procesar un malestar, cualquier tensión dentro de la relación queda encerrada en la propia relación. En un enfado o una crisis, no disponer de un espacio externo de escucha puede incrementar la sensación de asfixia.

De Prado señala que hablar con otras personas no implica traicionar la intimidad de la pareja ni restarle importancia. Por el contrario, contar con amistades y recursos propios ayuda a “ventilar” emocionalmente el vínculo. La posibilidad de tomar cierta distancia, compartir una preocupación con alguien de confianza o simplemente desarrollar actividades separadas permite que la relación no tenga que absorberlo todo.

El aislamiento puede pasar inadvertido

La concentración de la vida social en la pareja no siempre se percibe como un problema mientras la relación funciona. Raquel, de 30 años, contó al diario español que durante los cuatro años que estuvo con su expareja hacían todos los planes juntos. Con el tiempo, él se convirtió en su apoyo principal y ella comenzó a alejarse de sus amigas sin advertir plenamente el alcance de ese distanciamiento.

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
La concentración de la vida social en la pareja no siempre se percibe como un problema mientras la relación funciona.

La relación le parecía suficiente: ya no buscaba el consejo ni el acompañamiento de otras personas porque sentía que tenía en su novio todo lo necesario. La fragilidad de esa situación se hizo visible cuando el vínculo comenzó a deteriorarse. Entonces descubrió que también había perdido parte de sus conexiones previas.

Mantener una red personal, explica De Prado, refuerza la capacidad de regulación emocional. Tener amistades, familiares u otros referentes no reduce el valor de la pareja: permite que la seguridad, la orientación y el alivio emocional no dependan exclusivamente de una persona. Esa diversidad de apoyos contribuye a una mayor autonomía afectiva.

Las rupturas, más difíciles cuando se pierde una vida entera

La dependencia de una sola relación adquiere una dimensión especialmente dolorosa tras una separación. Cuando la pareja concentraba los planes cotidianos, las confidencias, las rutinas y la vida social, la ruptura no supone únicamente perder a una persona. Puede implicar, al mismo tiempo, perder costumbres, espacios, amistades compartidas y una parte de la propia identidad cotidiana.

Cuando tu pareja se convierte en tu todo: los riesgos de hacer del amor la única red afectiva.
La dependencia de una sola relación adquiere una dimensión especialmente dolorosa tras una separación.

La psicóloga describe una paradoja frecuente: quien más necesitaría escuchar el dolor de la ruptura es precisamente la persona que forma parte de ese dolor. Sin una red propia, el duelo puede intensificarse.

Raquel experimentó esa pérdida múltiple. Tras terminar con su novio, no solo se alejó de él, sino también de los amigos de él, con quienes había construido una convivencia habitual.

De acuerdo con De Prado, cuando no existen grupos sociales independientes, una separación puede vivirse como un “tsunami de pérdidas”: una de las dos partes suele conservar el entorno compartido, mientras la otra queda desconectada de él.

Por eso, preservar relaciones no compartidas por la pareja funciona también como una forma de protección emocional. La individualidad no implica distancia afectiva ni falta de compromiso, sino la conservación de una vida propia dentro de un proyecto común.

Límites entre amor, amistad e individualidad

El desafío no consiste en separar artificialmente a la pareja de la amistad, sino en evitar que ambas dimensiones se conviertan en una única identidad cerrada. Salamanca considera que las relaciones con mayores posibilidades de prosperar son aquellas que respetan los límites entre las distintas funciones que cada persona cumple en la vida del otro.

La comparación que plantea es la de una pareja que además comparte un negocio: ambas partes deben distinguir cuándo actúan como compañeros de trabajo y cuándo como pareja. En el terreno afectivo, el criterio es similar. La amistad, la convivencia, el deseo y el apoyo mutuo pueden coexistir, pero no deberían cancelar los espacios personales, las amistades externas ni la capacidad de estar bien fuera de la relación.

Una pareja sólida puede ofrecer refugio y cercanía sin convertirse en el único universo posible. La confianza y la complicidad resultan fundamentales, pero también lo es conservar vínculos propios, intereses diferenciados y una red afectiva que sostenga a cada integrante más allá de la vida en común.

Fuente: El País