Error 1: usar poco hielo (y del tipo incorrecto)
El error más frecuente es pensar que “menos hielo” significa un trago más suave. Ocurre exactamente lo contrario. Con pocos cubos, el hielo se derrite más rápido, el agua se mezcla enseguida con el gin y la tónica y el resultado es un cóctel aguado y sin carácter.

Los especialistas recomiendan llenar la copa balón o el vaso highball hasta arriba con cubos grandes y muy fríos. Más masa de hielo mantiene la temperatura estable y retrasa la dilución.

Idealmente, los cubos deberían ser compactos, transparentes y sin olor: el hielo que lleva días absorbiendo aromas de la heladera puede arruinar incluso un gin premium.
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Un truco sencillo es enfriar previamente la copa con hielo, descartar el agua resultante y recién entonces armar el trago.
Error 2: desbalancear las proporciones de gin y tónica
El “chorrito a ojo” es el enemigo de un gin tonic equilibrado. Si hay demasiado gin, el alcohol domina y aplasta los matices botánicos. Si abunda la tónica, el trago se vuelve plano, apenas una gaseosa amarga con algo de alcohol al fondo.

La proporción más extendida entre bartenders es de 1 parte de gin por 3 partes de tónica, ajustable a 1:2 para paladares que prefieren un cóctel más intenso. Lo importante es medir, aunque sea con un vaso pequeño de referencia, y mantener un criterio constante.
También importa el orden: primero el hielo, luego el gin y, por último, la tónica, servida despacio sobre una cucharilla o por la pared interna de la copa para evitar que pierda gas. Un par de movimientos suaves con la cuchara de bar bastan para integrar, sin agitar de más.
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Error 3: sobrecargarlo de garnishes y sabores
La moda del gin tonic “de autor” dejó como herencia copas saturadas de frutas, hierbas y especias. Más que sumar, muchas veces compiten entre sí y tapan el perfil del gin y la tónica.

Los expertos recomiendan pensar el garnish como un acento, no como el protagonista. La regla es simple: elegir uno o dos elementos que dialoguen con las notas del gin.
Para un gin cítrico, una piel de limón o pomelo; para uno más herbal, una ramita de romero o albahaca. Las especias intensas, como el cardamomo o la pimienta rosa, conviene usarlas con moderación y, de ser posible, ligeramente machacadas para liberar aroma sin invadir.
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Otro error habitual es usar cualquier tónica disponible. No todas tienen el mismo nivel de amargor ni de dulzor: combinar un gin muy delicado con una tónica muy azucarada puede borrar sus matices. Probar distintas marcas y estilos hasta encontrar la pareja adecuada es parte del aprendizaje.
Con hielo abundante y de calidad, proporciones cuidadas y garnishes pensados con criterio, el gin tonic vuelve a ser lo que siempre fue: un cóctel sencillo, fresco y elegante, en el que cada ingrediente cumple su función sin estridencias.
