Llegué a la conversación con curiosidad por entender qué hay detrás de sus posturas, sus creencias y una forma de ver las relaciones que sabía que generaba debate. Pero al terminar la entrevista entendí que la historia no estaba solamente en lo que Jessica piensa, sino también en lo que sus palabras provocan en los demás.
Jessica sostiene públicamente una mirada sobre la pareja y la familia que, en estos tiempos, está lejos de ser popular.
En medio de décadas de luchas de las mujeres por ganar espacios, por cuestionar mandatos y por buscar igualdad de oportunidades, escuchar a una mujer defender una visión más conservadora sobre los roles dentro de una relación, genera, inevitablemente, debate.
Una mirada que ella vincula profundamente con su fe. Jessica contó que siempre fue una persona creyente, pero que desde que se acercó a una iglesia cristiana, la Biblia y su interpretación sobre el rol de la mujer y del hombre dentro de la pareja ocupan un lugar central en su forma de ver la vida.
Y justamente ahí está lo interesante: no hablo de estar de acuerdo o no con ella.

Algunos dirán que exponer una postura así tiene que ver con buscar atención, vistas o repercusión en los medios. Pero honestamente creo que no debe ser fácil recibir cientos de comentarios cuestionando no solo una opinión, sino muchas veces a la persona detrás de esa opinión.
Y en el caso de Jessica, creo que esas críticas tampoco le son indiferentes. En Doble B contó con mucho dolor cómo durante su formación como bailarina sufrió bullying por parte de profesores y maestros, y cómo esas experiencias la marcaron incluso hasta hoy. Por eso me cuesta creer que alguien que conoce lo que significa sentirse juzgada simplemente disfrute estar en el centro de la crítica.
Aun así, ella sigue sosteniendo públicamente aquello en lo que cree.
Pero después de la entrevista hubo algo que me llamó incluso más la atención que sus propias declaraciones: nuestras reacciones.
Porque Jessica parece despertar algo muy visceral.
Para algunos representa una forma de entender la familia, la pareja y la fe con la que se identifican y la aplauden por animarse a decirlo públicamente.
Para otros representa una visión sobre la mujer y las relaciones que rechazan profundamente, y la consideran un retroceso.
Hay poco punto medio

Y quizás lo que pasa con Jessica es apenas un ejemplo de algo mucho más grande que estamos viviendo como sociedad: cada vez nos cuesta más escuchar una idea sin sentir inmediatamente la necesidad de elegir un bando.
Izquierda o derecha. Conservador o progresista. Celeste o Mbappé . Un lado o el otro.
Nos estamos acostumbrando a reaccionar antes que intentar entender.
Y entender no significa estar de acuerdo.
Podemos cuestionar una idea, debatirla, incluso rechazarla. Pero tal vez el desafío de estos tiempos sea recuperar algo que parece cada vez más difícil: escuchar a alguien que piensa distinto sin convertirlo automáticamente en enemigo.