Asesinato de escandinavas en Marruecos abre interrogantes sobre un predicador

RABAT. El juicio de los presuntos asesinos de dos turistas escandinavas en Marruecos plantea interrogantes sobre el posible papel de un predicador salafista en la radicalización de sospechosos que seguían sus enseñanzas.

A van carrying the suspects of murdering two Scandinavian hikers in Morocco leaves the court house in Sale on July 11, 2019. - The trial of the suspected jihadist killers of two Scandinavian women hikers beheaded in Morocco's High Atlas mountains last December neared its close today as lawyers prepared to deliver their final arguments. Prosecutors have called for the death penalty for the three main jihadist suspects behind the "bloodthirsty" murder of the young Scandinavians. (Photo by - / AFP)
Una van que transporta a los dos sospechosos de asesinar a dos escandinavas sale del juzgado en Sale, Marruecos.AFP

Varios de los 24 detenidos que están siendo juzgados desde mayo como integrantes de una célula yihadista y/o por haber decapitado a Louisa Vesterager Jespersen y a Maren Ueland en nombre del grupo Estado Islámico (EI) reconocen haber seguido las enseñanzas de las escuelas coránicas fundadas por este clérigo, el jeque Mohamed al Maghraui.

El jefe de la célula, Abdesamad Ejud, de 25 años, frecuentó estos colegios privados de Marrakech pero desmiente que el jeque haya influido en él en un sentido violento. Abdelaziz Feriat, otro de los detenidos, denunció en cambio las “dos caras” del predicador: “la que muestra a las autoridades y otra, más radical, con ideas extremistas”.

Hablando en nombre de los padres de Louisa, los abogados de la parte civil pidieron que el jeque fuese convocado ante el tribunal atribuyéndole el “origen de la radicalización de los sospechosos” , residentes en barrios marginales y con un nivel educativo bajo. La corte antiterrorista de Salé desestimó la demanda.

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La acusación estima que el grupo se radicalizó a través de la propaganda del EI en las redes sociales. El jeque marroquí, de viaje en Arabia Saudita, no estaba disponible para expresar su punto de vista. La parte civil considera las escuelas de Al Maghraui como “aliadas de los criminales” porque algunas de las ideas de estos establecimientos constituyen una “incitación a la violencia”.

En 2012 el exministro de Justicia Mustafá Ramid, actualmente a cargo de los derechos humanos, lamentó en una de estas escuelas que “Marrakech se convierta en un destino para gente del mundo entero que viene a cometer pecados” , recordó la parte civil durante el juicio. Los jueces no estimaron útil convocarlo. En los años 1970, Al Maghraui creó una asociación que aglutina una red de escuelas llamada “Casa del Corán” y predica un islam rigorista próximo al salafismo. La doctrina salafista profesa una obediencia total al jefe del Estado, considerado como la única autoridad legítima para librar la yihad, mientras que los movimientos yihadistas militan por un “califato islámico”.

“Instrumentalización”

Según el expredicador salafista Abdelwahab Rafiki, “los dos se nutren del mismo corpus (...), que alimenta el odio hacia los demás” . Y “basta con suprimir la idea de obediencia al jefe para caer en el yihadismo” , asegura este hombre, condenado tras los atentados de Casablanca (33 muertos en 2003) e indultado en 2012 después de que mostrara un giro ideológico.

En Marruecos el salafismo “empezó a infiltrarse en la sociedad en el contexto geopolítico” de los años 1980, “marcado por la instrumentalización de esta doctrina por parte de Estados Unidos y de Arabia Saudita contra el comunismo” , estima el profesor universitario Salim Hminat, experto en política religiosa. Las autoridades marroquíes usaron entonces esta corriente religiosa para frenar al movimiento islamista local Al Adl wal Ihsan, “opuesto al régimen”, y a la izquierda, añade. Así fue como el jeque Al Maghraui “obtuvo un apoyo financiero del Estado saudita, siendo bien sabido por las autoridades marroquíes” , sostiene otro profesor universitario, Abdelhakim Abulluz.

Desde los atentados de Casablanca, Marruecos intenta controlar los círculos religiosos fomentando un islam moderado que se encuentra a años luz de la doctrina promovida por Al Maghraui. Pero, según Salim Hmimnat, su actitud respecto a la asociación del jeque “fluctúa” según “la necesidad de usarla con fines políticos” .

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