La pandemia está asestando un duro golpe a América Latina y el Caribe, la segunda región más afectada por detrás de Europa, con 878.642 fallecidos y 27,6 millones de casos, informa la AFP.
En todo el mundo, el coronavirus ha matado a más de 3 millones de personas y contagiado a 143,8 millones, según un balance basado en fuentes oficiales.
Brasil, con sus 212 millones de habitantes, ha registrado 381.475 fallecidos, el doble de India, donde viven 1.300 millones de personas.
Argentina, en pleno pico de contagios, superó el miércoles los 60.000 muertos por covid-19 y “está viviendo el peor momento de la pandemia desde el 3 de marzo del año pasado”, según la ministra de Salud, Carla Vizzotti.
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“Es el momento de más riesgo”, insistió, a causa de la rapidez exponencial de los contagios y del número de ingresos en las unidades de cuidados intensivos, ocupadas en un 75% en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Vizzotti pidió priorizar la salud sobre la política, cuando la alcaldía de Buenos Aires resiste en la justicia al cierre temporal de escuelas ordenado por el gobierno nacional para el AMBA, donde residen 15 millones de personas. Es, además, la zona del país con más infecciones.
En Ecuador, ante la “acelerada velocidad de contagio” del covid-19, el presidente Lenín Moreno decretó el estado de excepción en 16 de las 24 provincias, durante 28 días, atendiendo al llamado del Comité de Operaciones de Emergencia.
La medida conlleva la suspensión de los derechos a la libertad de tránsito, asociación y reunión y de inviolabilidad de domicilio y la imposición de un toque de queda nocturno de lunes a jueves.
Además, desde las 20:00 del viernes a las 05:00 del lunes no podrán circular ni vehículos ni personas, salvo trabajadores de sectores “esenciales”.
El país, de 17,5 millones de habitantes, ha registrado unos 363.000 casos de covid-19 y más de 17.800 fallecidos.
En tanto, la vacunación avanza de forma muy dispar en el mundo, y los países iberoamericanos, reunidos en una cumbre de esa región, en Andorra el miércoles pasado, reclamaron en su declaración final “que el acceso, la compra y la distribución de las vacunas (...) sean universales” y evitar su “acaparamiento”.
Latinoamérica ha vacunado a menos del 10% de su población y los líderes coincidieron en denunciar que a la región no llegan suficientes vacunas.
