“La situación de violencia en el sector árabe ha llegado a una línea roja. El problema se dejó de lado y se descuidó durante años hasta que alcanzó proporciones escandalosas”, lamentó el jefe de Gobierno israelí, que ha prometido abordar la falta de seguridad en localidades de población palestina-israelí, asoladas en gran medida por grupos de crimen organizado que la Policía no logró controlar.
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Ante ello, el Ejecutivo formó un comité con varios ministros que en su encuentro de hoy decidió incluir al Ejército y al servicio de seguridad interior, Shin Bet, en las tareas para frenar criminalidad y la proliferación de armas entre las comunidades árabes.
La inclusión de la entidad de inteligencia interna de Israel -más bien dedicada a contraterrorismo- en este asunto es algo poco usual.
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Los asesinatos por disparos o las muertes en tiroteos se han intensificado en los últimos años, y esta problemática volvió a copar titulares y ganar peso estas últimas semanas, cuando varios crímenes mortales en pocos días de diferencia elevaron a casi un centenar los muertos palestino-israelíes en lo que va de 2021.
Este sector -formado por unos dos millones de personas, en torno al 20% de población, descendiente de los palestinos que se quedaron en Israel tras su creación- denuncia desatención estructural del Estado y de los cuerpos de seguridad, lo que generó movimientos de protesta que estos años exigieron más implicación gubernamental.
Según medios, gran parte de los homicidas en las comunidades árabes no son llevados a la Justicia, y este año, solo el 23% de muertes en sus localidades han sido resueltas, un porcentaje muy bajo en relación al 71% de casos cerrados entre comunidades judías.

Benet insistió hoy que su Gobierno se toma "muy en serio" la situación, y aseguró que "el Estado se está movilizando para proteger a los ciudadanos árabes de la plaga de crimen, las armas ilegales y los asesinatos".
También instó a la población palestina-israelí -en muchos casos reacia políticamente a Israel- a “ir de la mano” con el Estado “en la guerra contra el crimen”, una tarea que auguró que “requerirá tiempo, esfuerzo y recursos considerables”.
