En Uagadugú y en localidades como Bobo-Dioulasso (suroeste, segunda mayor ciudad del país), los manifestantes fueron dispersados con gas lacrimógeno y se dieron algunos episodios de violencia y de quema de objetos en las calles, informaron medios locales como Burkina 24.
Los burkineses salieron a protestar pesar de que autoridades como el alcalde de la capital habían declarado ilegales las manifestaciones y de las recientes promesas del presidente de hacer cambios en el Ejército y en el Gobierno para lidiar con la degradada situación de seguridad.
"Debemos poner fin a las inaceptables disfunciones que minan la moral de nuestras tropas combatientes y obstaculizan su eficacia en la lucha contra los grupos terroristas armados", declaró Kaboré en un discurso a la nación a última hora del jueves.
A pesar de que Burkina Faso sufre la violencia yihadista desde 2015, el ataque a un puesto de la Gendarmería en el norte del país el pasado día 14, que causó 53 muertos y al que han seguido después dos ataques con 22 muertos (10 civiles, 9 gendarmes y 3 militares) en el centro-norte y noroeste), ha generado mucha tensión social.
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Aludiendo a la "defensa nacional" y "la seguridad pública", el Gobierno de Burkina Faso suspendió la conexión de internet móvil el pasado sábado y anunció que se mantendrá cortada hasta el día 29 a las 20.00 hora local (misma GMT).
Los ataques yihadistas en Burkina Faso los realizan grupos afiliados tanto a Al Qaeda como al Estado Islámico, especialmente en la región del Sahel, pero también en regiones vecinas y al este del país desde 2018.
La inseguridad ha ocasionado que el número de desplazados internos ascienda ya a 1,4 millones de personas, según datos del Gobierno burkinés.
