El primer ministro belga, Alexander De Croo, encabezó una nueva reunión del llamado Comité de Concertación con las autoridades regionales, por tercera semana consecutiva, para aprobar nuevas medidas que finalmente no han sido tan estrictas como pedían los expertos, que abogaban por cerrar las clases de primaria durante 10 días o pasar a la enseñanza a distancia.
De Croo explicó en una rueda de prensa que se ha decidido que los niños de preescolar y primaria vayan a clase hasta el 20 de diciembre, pero portando una mascarilla desde los 6 años (el último día lectivo antes de las vacaciones era el 24 de diciembre).
Por lo que respecta a la enseñanza secundaria, se deberá combinar la asistencia presencial con la virtual hasta el periodo de exámenes, mientras que en las universidades se vuelve al “código naranja”, con un 20 % de ocupación, entre otros aspectos.
En clase deberá haber un aparato para medir el CO2, de manera que se deberá abandonar el local si llega a cierto nivel.
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Asimismo, quedarán prohibidos desde el sábado los eventos en interior de más de 200 personas (como congresos o representaciones culturales), mientras que los que acojan a público por debajo de esa cifra podrán seguir abiertos si cuentan con plazas sentadas y si los visitantes llevan mascarilla y guardan distancia entre ellos a partir de las 50 personas.
Las reuniones privadas en interior quedan prohibidas, con la excepción de bodas o funerales en pequeños locales.
La obligación de teletrabajar cuatro días a la semana sigue prevaleciendo, así como las condiciones para los restaurantes, que deberán acoger en la misma mesa a un máximo de seis personas y cerrar a las 23.00 horas.
En la reunión de hoy se debatió la posibilidad de que bares y restaurantes cerraran a las 20.00 horas, como pedían los expertos.
“Atravesamos semanas difíciles”, confesó De Croo, quien reconoció que “la presión en los servicios de salud de nuestro país se ha vuelto insoportable, con más de 800 personas en UCI “con formas graves de COVID, que a menudo luchan por seguir viviendo”.
Esa presión se ha traducido además en que haya que posponer tratamientos o incluso operaciones de corazón, dijo, mientras que “cada vez hay más ausencias” en sectores como la enseñanza a causa de personas enfermas.
El primer ministro pidió a la población limitar los contactos, si bien no se ha regulado por ley.
El Gobierno federal cree que Bélgica está llegando al pico de esta cuarta ola de coronavirus, pero ha alertado de que el nivel de contaminación sigue siendo demasiado elevado y ha insistido en la importancia de ponerse la dosis de refuerzo de la vacuna.
Las nuevas medidas, que estarán en vigor en general desde el lunes, se han tomado con una incidencia acumulada en el país de 2.106 puntos y 821 de las 2.000 camas de cuidados intensivos disponibles ocupadas por enfermos de COVID, según los datos facilitados hoy por el Instituto de Salud Pública Sciensano.
En la última semana ha habido una media cada día de 17.862 nuevas infecciones (+6 %), 318 ingresos hospitalarios (+4 %) y 44 fallecidos (+23 %).
En lo que va de pandemia, desde marzo de 2020, en Bélgica se han diagnosticado 1,8 millones de contagios para una población de 11,4 millones de habitantes y 27.120 muertos.
