La cinética curvilínea con la que jugó el genial arquitecto brasileño se convierte así en el mejor guante para la mano de un artista que aparece en todas las antologías sobre tipografía, cartelismo o diseño gráfico desde el año 1968.
Puede que muchas personas no lleguen a ponerle cara ni nombre, pero pocos son los que no conozcan, al menos, algunas de sus cubiertas de discos, muchos de sus posters y cómics que son -lo dicen los expertos- la cara visible de la contracultura norteamericana.
No en vano, en la exposición del Niemeyer hay, al menos, media docena de piezas que están en el imaginario colectivo porque son algunas de las obras más icónicas de la gráfica norteamericana de la segunda mitad del siglo pasado.
La muestra que se inauguró este viernes en el Niemeyer, y que se podrá visitar hasta el próximo 12 de junio, es la mayor retrospectiva del artista, según explicó su comisario, el diseñador gráfico Davis Carballal, en una conversación con Efe.
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Ni en Estados Unidos, su lugar de residencia y de adopción desde temprana edad, hubo nunca una muestra tan extensa que comprenda su trabajo como diseñador de posters, autor de cómics, animaciones o de ilustraciones de libros, revistas y portadas de discos, enfatizó el comisario.
La muestra reúne la célebre serie de carteles de rock psicodélico realizados en apenas ocho meses durante los años 1966 y 1967, y catorce números de la revista underground “Zap Comix”, editada a partir de 1968 y a lo largo de más de cuarenta años.
La exposición también dedica una sala a sus carteles cinéticos, que es una de las principales singularidades de esta retrospectiva, junto al catálogo editado para la ocasión, que David Carballal califica como la mayor monografía escrita sobre el artista.
La sala de los carteles cinéticos será, con mucha probabilidad, lo que más aplauda el público. Un trabajo que nace en mayo del 67 cuando, por casualidad, Moscoso dio con una forma para que sus obras, al ser expuestas a las luces de colores, cobrasen movimiento.
“En esta exposición hay una sala dedicada a ver esos carteles en acción y eso es totalmente espectacular, la gente sale alucinando, desde niños a personas mayores, porque es psicodelia en estado puro y en directo; estás viendo las piezas que se mueven en la pared”, señaló el comisario.
Cuando Victor Moscoso empezó a crear este tipo de carteles, el movimiento psicodélico estaba en estado embrionario, en manos de jóvenes artistas.
Él rozaba ya la treintena. Entonces, observó que lo que estaba ocurriendo en San Francisco era algo importante, intuyó que se estaba cociendo algo que iba ser grande y quiso formar parte de todo aquello.
El movimiento psicodélico terminaría dándose a conocer, entre otras razones, por sus carteles.
Moscoso nació hace 85 años en una parroquia de A Coruña (noroeste de España), pero ya con apenas tres años de edad viajó con su familia a Nueva York, donde creció, se formó en Bellas Artes y obtuvo un éxito profesional que le otorgaría un gran reconocimiento entre la crítica y el público.
Carballal declaró que el artista se prodiga poco por su país natal y que la última vez que visitó España fue hace más de veinte años.
De hecho, conocerá el montaje de su exposición en Avilés por las imágenes que le llegarán a su pequeño taller de California, donde tiene fijada su residencia y donde todavía trabaja en algunas creaciones que aún son inéditas para el gran público, tal vez a la espera de otra retrospectiva que las incluya como una mágica aportación tardía.
