"La trágica muerte de Nabayan Chakma Milon es solo el caso más reciente en un patrón de abusos por parte del ejército de Bangladesh en las colinas de Chittagong", apuntó en un comunicado el director para Asia de HRW, Brad Adams.
"Las autoridades deberían abrir de inmediato una investigación independiente y transparente sobre la muerte de Milon, así como sobre otros casos de abuso militar en (esta zona) que el Gobierno ha ignorado persistentemente", subrayó.
El activista, que formaba parte del Frente Democrático de los Pueblos Unidos (UPDF), un partido político étnico que cuenta con facciones armadas en esta región del sudeste del país, fue detenido por un grupo de soldados en la madrugada del 15 de marzo, mientras se recuperaba de un procedimiento médico, informó HRW en el texto, citando a la Comisión de las colinas de Chittagong.
De acuerdo con el testimonio de este grupo regional pro derechos humanos, los soldados golpearon repetidamente a Milon durante una hora, rompiéndole todas las extremidades y provocando que perdiera la consciencia.
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Tras ello, lo introdujeron en un vehículo militar y cuatro horas después lo llevaron a un centro hospitalario en el que finalmente se confirmó su fallecimiento.
HRW criticó que esta muerte responde a la violencia continuada que ejercen las autoridades bangladesíes contra la población indígena en esta región del país, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, violencia sexual y acaparamiento de tierras, con escasa reparación de los daños.
Este tipo de violencia raramente acarrea investigaciones profundas, por lo que sus responsables "casi nunca rinden cuentas", advirtió la organización.
El problema responde, según el comunicado, a la ineficacia de Bangladesh por respetar "en su totalidad" el acuerdo de paz firmado en 1997 entre el Gobierno y el grupo local armado Parbatya Chattagram Jana Samhati Samiti (PCJSS), para poner fin a 20 años de conflicto en las colinas de Chittagong, donde las principales disputas versaban sobre la autonomía indígena y la propiedad de las tierras.
En dicho acuerdo, las autoridades de Bangladesh se comprometieron a la retirada de su personal militar y a la transferencia a los consejos regionales del control de la policía local, la gestión de la tierra y la protección del medio ambiente.
Unos puntos que, sin embargo, siguen sin cumplirse 25 años después, puesto que HRW denuncia que la presencia militar en la región ha ido en aumento en los últimos años.
"Casi 25 años después de la firma del acuerdo de paz, el Gobierno de Bangladesh hasta ahora ha acertado al asumir que la comunidad internacional ignorará los abusos en las colinas de Chittagong", sentenció Adams.
