Primer acercamiento de Lula con su antiguo rival político

SAO PAULO. Con vistas a las presidenciales de octubre de este año, el expresidente brasileño Lula da Silva y su antiguo rival político, el liberal Geraldo Alckim, mantuvieron una primera conversación presencial. Alckmin se perfila como su compañero fórmula para competir contra Jair Bolsonaro, que buscará su reelección.

Lula da Silva (d) habla durante la reunión de hoy, en Sao Paulo, con su antiguo rival político Geraldo Alckmin. (AFP)
Lula da Silva (d) habla durante la reunión de hoy, en Sao Paulo, con su antiguo rival político Geraldo Alckmin. (AFP)154123+0000 FELIPE ARAUJO

A menos de seis meses para la celebración de los comicios, ambos políticos se reunieron en un hotel de Sao Paulo para tejer la fórmula con la que probablemente concurrirán a los comicios para enfrentar al actual presidente, Jair Bolsonaro.

Siguiendo la hoja de ruta establecida, el Partido Socialista Brasileño (PSB) ofreció formalmente a Alckmin como candidato a la vicepresidencia de Lula y espera ahora el beneplácito del Partido de los Trabajadores (PT) para consagrar definitivamente la unión, lo que podría ocurrir la próxima semana.

No obstante, el matrimonio político de conveniencia entre Lula, favorito en las encuestas, y Alckmin encuentra fuertes resistencias dentro de las alas más izquierdistas del PT, que no perdonan la trayectoria liberal del exgobernador de Sao Paulo.

Alckmin, de 69 años, ha volcado la mayor parte de sus cinco décadas en la política al Partido de la Social Democracia (PSDB), que con el tiempo abandonó la centroizquierda en que nació en 1988, para acercarse a posturas más neoliberales y de centroderecha.

El político, sin embargo, abandonó el año pasado las filas del PSDB para afiliarse a los socialistas y hacer así viable una alianza con el antiguo líder sindical, contra quien perdió las elecciones a la presidencia en 2006.

Pese a las fisuras creadas en el seno de su formación, Lula sigue moviendo prácticamente todos los hilos del partido que él mismo ayudó a crear en 1980 y este viernes escenificó su alianza con Alckmin con un fuerte aprieto de manos.

"Tengo seguridad que el Partido de los Trabajadores aprobará su nombre como candidato a la vicepresidencia", afirmó Lula (2003-2010) durante la reunión con Alckmin, quien fue gobernador del estado de Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país y donde mantiene una gran influencia.

"Alckmin -agregó- usted será recibido como viejo compañero dentro de nuestro querido Partido de los Trabajadores".

Vestido con una camisa azul, el antiguo líder sindical resaltó la experiencia de ambos políticos para "reconstruir el país" y resaltó la necesidad de "conversar con toda la sociedad brasileña" en caso de vencer los comicios de octubre.

Lula, quien ha recuperado sus derechos políticos tras pasar 580 días en prisión, ha dejado claro en más de una ocasión que está dispuesto a olvidar las diferencias que le separan de Alckim y en una declaración reciente afirmó que ambos "han cambiado".

Por el centro

En su unión con Alckmin, un ferviente católico, Lula busca conquistar los electores de centro, así como los sectores más conservadores desencantados con Bolsonaro, en momentos en que los políticos de la llamada "tercera vía" no acaban de despegar en las encuestas de intención de voto.

Precisamente, el PSB resaltó en una carta dirigida al PT que Alckmin "reúne las mejores condiciones para articular fuerzas políticas amplias, capaces de dar a la resistencia democrática la envergadura que permitirá enfrentar el bolsonarismo".

Pero el equilibrio entre ambos no será sencillo, como Lula dejó entrever esta misma semana con una serie de peliagudas declaraciones que pueden tener un precio político, especialmente en los sectores más conservadores.

El extornero mecánico animó a la militancia de izquierdas a protestar frente a las casas de los legisladores conservadores y defendió abiertamente el aborto, un tema delicado en un país como Brasil.

Alckmin, conservador y ferviente católico, se mantuvo en silencio sobre esas declaraciones de Lula, un gesto que fue interpretado como la primera prueba de fidelidad de una unión prácticamente sacramentada.

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