Ese cambio cromático-político, según han admitido fuentes de la campaña, apunta a reforzar el amplio frente progresista que Lula ha conformado y aún intenta ampliar para derrotar, en la segunda vuelta del próximo día 30, al actual mandatario y líder de la derecha, Jair Bolsonaro.
En la primera vuelta del pasado día 2, Lula se impuso con un 48,4% de los votos, frente al 43,2% que obtuvo Bolsonaro.
El rojo representa en la política brasileña al Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula en 1980, pero algunos de los nuevos aliados que se han sumado al frente progresista insinuaron que no se sienten reflejados en ese color, propio de la izquierda.
Una de ellas ha sido la centroderechista Simone Tebet, tercera en la primera vuelta con un 4,1% de los votos y quien ahora integra la campaña de Lula para la segunda ronda del 30 de octubre.
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Efecto del rojo
Según ha dicho Tebet, el rojo "aleja" a aquellos electores que rechazan al PT, que pudieran dejar de apoyar a Lula y abstenerse de votar o, en el peor de los casos, alinearse con el líder de la ultraderecha.
La opinión de Tebet parece haber sido escuchada, al punto de que la campaña de Lula decidió adoptar ese cambio de colores hoy mismo.
“Por el amor y por la paz, vamos a usar blanco”, dice un aviso publicado en las redes sociales de Lula, en el que se convoca a un acto previsto para la noche de este mismo martes en un suburbio de Río de Janeiro.
