En un comunicado emitido la pasada noche desde la sede de la UA en Adís Abeba, Mahamat felicitó "calurosamente" a Tinubu, del partido gobernante Congreso de Todos los Progresistas (APC), por "proclamarse ganador de las elecciones presidenciales".
El presidente de la Comisión (secretariado) dio también su enhorabuena al pueblo de Nigeria "por demostrar resiliencia en su compromiso con los valores democráticos al votar por los líderes de su elección".
En ese sentido, Mahamat instó "a todas las partes interesadas a defender la paz y el Estado de derecho" y pidió que "cualquier disputa o agravio posterior a las elecciones se lleve ante el sistema judicial, según lo dispuesto por la ley".
Tinubu, de 70 años, fue declarado ganador el pasado miércoles con el 36 % de los sufragios (8,79 millones de votos), según las cifras de la Comisión Electoral Nacional Independiente (INEC).
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Atiku Abubakar, de 76 años y aspirante del Partido Democrático de los Pueblos (PDP), quedó en segunda posición con el 29 % de los votos (6,98 millones), mientras el tercer lugar lo ocupó Peter Obi, de 61 años y aspirante del Partido Laborista (LP), que cosechó el 25 % de los sufragios (6,1 millones).
La INEC anunció los resultados después de que ambos partidos opositores ya hubieran pedido cancelar y repetir los comicios al acusar de fraude al órgano electoral.
Tanto Obi como Abubakar afirmaron este jueves que recurrirán los resultados ante los tribunales, si bien no ofrecieron más detalles.
La oposición acusa a la INEC de fraude después de que la transmisión electrónica de los resultados de las mesas electorales no se pudiese llevar a cabo de manera completa.
Era la primera vez que Nigeria, país más poblado de África (más de 213 millones de habitantes), usaba en unas elecciones generales esa tecnología, adoptada para impedir posibles irregularidades.
Tinubu sucederá al presidente saliente, Muhammadu Buhari, en el poder desde 2015, quien no buscó la reelección tras agotar el segundo mandato consecutivo de cuatro años permitido por la Constitución.
El presidente electo, que gobernó el sureño e influyente estado de Lagos de 1999 a 2007, hereda una nación asolada por una inseguridad creciente en algunas partes del país, con ataques constantes de bandas criminales que secuestran a civiles para exigir lucrativos rescates, grupos yihadistas y rebeldes independentistas.
También deberá atajar la devaluación de la naira, una inflación galopante y el elevado desempleo, pese a que Nigeria destaca como el principal productor de petróleo de África y la economía más grande del continente.
