El barco, que se encontraba a 18 millas de la costa, partió este jueves con rumbo a Italia, a penas 150 kilómetros de distancia. Este es el segundo naufragio mortal en menos de 24 horas, que suman al menos cinco fallecidos y 62 personas en paradero desconocido mientras otras nueve han sobrevivido.
Una treintena de organizaciones tunecinas acusaron hoy al Ministerio del Interior de represión contra las campañas humanitarias para ayudar a las personas migrantes después de que el presidente Kais Said les acusara de formar parte de un complot para cambiar la demografía y la identidad "arabo-musulmana" del país.
Según el portavoz del Foro Tunecino por los Derechos Económicos y Sociales (FTDES), Romdhane Ben Amor, desde el inicio del año las fuerzas de seguridad han interceptado a cerca de 10.000 migrantes frente a las 3.000 durante el mismo periodo del año pasado.
Este repunte de llegadas a las costas italianas coincide con una campaña de detenciones y ataques xenófobos contra ciudadanos subsaharianos después del discurso del presidente, que defendió no ser racista "porque tiene amigos africanos" y acusó a sus detractores de tergiversar sus palabras para perjudicar al país.
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Tras las críticas de la comunidad internacional, el Gobierno anunció medidas para facilitar la residencia legal y la repatriación voluntaria así como una línea telefónica de ayuda.
Sin embargo, cientos de ellos, en su mayoría de Costa de Marfil y Guinea, han solicitado el retorno voluntario a sus respectivos países después de haber perdido sus trabajos- a menudo informales- y, en algunos casos, haber sido expulsados de sus viviendas por los propietarios.
