"Es una respuesta a cientos de años de colonialismo que lleva la muerte a la vida en un acto de justicia poética", afirmó el jurado.
Una fotografía es el punto de partida de este documental, la de dos indígenas, Omarino y Aredomi, que fueron llevados a Londres en torno a 1900, imagen que salió en las noticias como parte de un álbum encontrado en la ciudad de Iquitos hace poco más de 10 años.
Era un álbum de propaganda encargado por La Casa Arana, compañía creada por el comerciante peruano Julio César Arana hace más de un siglo, con el objetivo de intentar limpiar su imagen de las acusaciones de asesinatos y abusos cometidos en sus caucheras.
Con este filme, la realizadora plantea la necesidad de establecer responsabilidades históricas porque los libros hablan de entre 30.000 y 40.000 indígenas muertos en las plantaciones de caucho, mientras que en las comunidades se habla de entre 60.000 y 70.000.
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El documental está filmado en super 8 mm con película en blanco y negro, con la idea de no distinguir entre el pasado y el presente.
