El sondeo, elaborado por KONDA, una de las principales empresas de estudios sociológicos, señala que el número de 'no creyentes' o ateos ha pasado en esos 16 años del 2 al 8 %.
Según señala a EFE Mustafa Şen, profesor de Sociología en la Universidad Técnica de Oriente Medio, en un país como Turquía donde la religiosidad se considera "de sentido común" y los encuestados suelen alinearse en público con los valores predominantes, esos datos señalan que el número real de personas no creyentes o no religiosas es mucho mayor.
"En una sociedad en la que es muy difícil decir abiertamente 'soy ateo o no creyente', un aumento del 2 % al 8 % es en realidad mucho más significativo", afirma Şen.
Erdogan y su partido islamista AKP llevan gobernando desde el año 2002, con una agenda cada vez más marcadamente islamista.
De presentarse en un inicio, o ser visto en Europa, como el equivalente en el islam de los partidos cristiano-demócratas, ha ido reforzando su postura de aumentar la presencia y la influencia de la religión en la vida pública y privada.
En un discurso hace ya seis años, insistió en su deseo de formar a una nueva generación de jóvenes religiosos y lamentó la escasez de profesores de religión y moral.
Según dijo entonces el dirigente islamista, en una sociedad más religiosa habría menos drogadictos, ladrones y alcohólicos.
En las elecciones presidenciales de 2023, que volvió a ganar, acusó a los líderes opositores de ser "infieles" que no rezan.
El levantamiento del veto a llevar velo en la universidad y oficinas y entre funcionarias públicas; un aumento paulatino de los impuestos al alcohol, prohibido en la tradición islámica; la equiparación del matrimonio civil y el religioso; y la promoción de escuelas religiosas son algunas de las medidas tomadas por los Gobiernos de Erdogan.
Según el profesor Şen, son tres los factores que han contribuido a que bajo Erdogan haya bajado el número de turcos que se consideran religiosos.
Por un lado, el proceso de emigración del campo a las ciudades que, según el experto, promueve el pluralismo que reduce la religiosidad. Por otro, la reacción provocada por la intervención del Estado en la vida privada a contracorriente de ese cambio sociológico.
Y, en tercer lugar, la "hipocresía religiosa" de un Gobierno que predica la honestidad y modestia asociada a la religión mientras muchos políticos viven en el lujo y se han ido sucediendo casos de corrupción bajo Gobiernos del AKP.
Erdogan ha asegurado que la próxima década será la de la familia y ha declarado la guerra a lo que llama "plaga LGBTI" y "ausencia de género", y mantiene que ganar ese conflicto depende de aferrarse a valores religiosos y conservadores.
