"Nos han dicho que puede haber réplicas hasta otros cuatro días, así que vamos a quedarnos aquí por nuestra seguridad", dijo a EFE Adriana May, una adolescente que junto con su familia lleva desde que golpeó el sismo en la explanada cercana al hospital gubernamental de la ciudad de Bogo.
Situada en el norte de la isla de Cebú, y apenas a 20 kilómetros del epicentro del terremoto, esta ciudad vuelve a verse sacudida ocasionalmente por temblores que sobresaltan a sus 88.000 habitantes. La región ha experimentado desde el martes por la noche casi 800 réplicas, según la agencia sismológica de Filipinas (Phivolcs), aunque la mayoría fueron imperceptibles.
Al menos 20.000 personas continúan desplazadas en el centro de Filipinas, según dijo hoy el Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres.
Aunque su hogar sufrió daños, explicó May al recordar la fuerza de un sismo que "rompió hasta la televisión y el techo", sí han sido capaces de regresar durante el día. Sobre todo, dijo, para alimentar a sus dos perros. "Están bien los dos", aclaró con una sonrisa.
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El terremoto de magnitud 6,9 tuvo lugar a las 21:59 hora local (13:59 GMT) del martes a una profundidad de diez kilómetros a menos de veinte kilómetros de Bogo.
Al menos 72 personas han muerto, 30 de ellas en Bogo, y casi 300 han resultado heridas, según las cifras oficiales del Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMC) de Filipinas, que señala que el sismo afectó a casi 171.000 personas.
Filipinas se asienta sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica, donde cada año se registran unos 7.000 terremotos, la mayoría de ellos de intensidad moderada.
El pasado enero, dos terremotos de magnitud 6,1 y 5,8 golpearon el sur y el centro del país y causaron daños en carreteras, viviendas y parte de una escuela.
