Estos cambios estructurales, que se acentúan en personas con deterioro cognitivo, podrían además explicar por qué regiones como la corteza entorrinal, una de las primeras afectadas en el alzhéimer, son especialmente vulnerables al daño neuronal, debido a la presión física que ejerce el envejecimiento sobre esa área.
El profesor Niels Janssen, del Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de la ULL, autor principal del estudio, explica que estos hallazgos “abren la puerta a identificar el riesgo de demencia muchos años antes de que aparezcan los síntomas, gracias a nuevos marcadores geométricos cerebrales”.
El trabajo, desarrollado junto al Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria de la Universidad de California en Irvine, subraya la necesidad de entender cómo los cambios mecánicos del envejecimiento influyen en la vulnerabilidad del cerebro y aportan nuevas claves para su protección.
