Bailar flamenco ante las pirámides de Guiza para denunciar el maltrato animal en Egipto

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Almería (España), 17 nov (EFE).– La bailaora Ángela Alonso, afincada desde hace más de 25 años en Londres y directora de la escuela Ilusión Flamenca, culminó este fin de semana una acción artística insólita: bailar vestida de flamenca ante las pirámides de Guiza para denunciar el maltrato que sufren camellos y caballos utilizados para el turismo en Egipto.

La actuación, breve y simbólica, fue finalmente realizada y compartida en sus redes sociales, pese a las dificultades logísticas que había anticipado. El baile tuvo lugar el sábado 15 de noviembre, víspera del Día Internacional del Flamenco, dentro de una iniciativa doble con la que la artista busca dar visibilidad al sufrimiento de los animales explotados en la zona.

En el mensaje previo que publicó desde un balcón con las pirámides al fondo, la bailaora originaria de Almería, en el sur de España, explicó su motivación y las complicaciones para llevarla a cabo. “Mi intención es conectar en la plataforma de Instagram Ilusión Flamenca UK a la 1 del mediodía hora española”, dijo entonces, consciente de que no contaba “ni licencia ni permiso” y de que se iba a “aventurar en lo desconocido”.

En esa grabación adelantó que el objetivo del baile era despertar conciencias entre turistas y observadores. “Tengo intención de acudir a las pirámides, cuando termine este vídeo, para hacer un baile corto y simbólico con el propósito de que la gente sea consciente del sufrimiento animal en el área de las pirámides”, señaló.

Explicó que en sus últimos días en Egipto había visto escenas “terroríficas” de animales exhaustos y deshidratados, obligados a jornadas interminables bajo el sol.

Tras completar la acción en Guiza, Alonso continuó con la segunda parte de su programa: una clase de castañuelas retransmitida desde Alejandría el domingo 16, Día Internacional del Flamenco, realizada dentro del refugio de perros que ella ha impulsado en esa ciudad.

Allí trabaja desde hace meses en la creación de un centro con capacidad para medio centenar de animales, gestionado con voluntarios y a la espera de formalizar su registro oficial, que nació de su experiencia previa con una entidad local y de la necesidad de un modelo “más transparente y cercano al bienestar animal”.

En Alejandría recibe colaboraciones de voluntarios y anima a personas de cualquier ámbito a sumarse con conocimientos o recursos: desde redes sociales o diseño web hasta veterinarios o tiendas de animales que deseen donar materiales o comida.

La artista, que enseña flamenco en Londres desde 1998 y cuya academia ha sido reconocida con dos premios Lukas Awards en el Reino Unido, lleva años colaborando con asociaciones de protección animal en distintos países y organizando acciones solidarias.

“Yo no tengo grandes recursos, pero tengo arte y tengo voz. Si el flamenco sirve para aliviar el sufrimiento de un solo animal, ya habrá merecido la pena”, ha declarado.

Con su taconeo resonando entre la arena del desierto y los muros del refugio de Alejandría, Alonso ha buscado convertir el flamenco en una llamada global a la compasión, un gesto mínimo frente a una realidad inmensa, pero impulsado —como afirma— “desde el corazón”.