La ONG indicó en un informe que desde el 6 de diciembre unas 84.000 personas provenientes de la provincia de Kivu del Sur cruzaron la frontera hacia Burundi para escapar de los combates y bombardeos, lo que eleva a más de 200.000 el número de refugiados y solicitantes de asilo congoleños en el país, según datos de la ONU.
Muchas familias realizaron el peligroso trayecto a pie durante tres o cuatro días, durmiendo al aire libre y cruzando ríos inundados, antes de llegar agotadas y deshidratadas a los centros de tránsito, que ya estaban abarrotados, donde recibieron refugio temporal antes de ser trasladadas a alojamientos de mayor duración.
“La aguda escasez de alimentos, agua potable, instalaciones de saneamiento, refugio y atención médica en los centros de tránsito pone a los niños en riesgo de brotes de enfermedades mortales como el cólera”, indicó Save the Children.
Rosine, madre de siete hijos, relató a la organización que logró escapar con su familia, mientras caían explosivos en su aldea y dejó atrás su negocio, pertenencias y hasta su madre, que quedó herida. Ahora está en un centro de tránsito, pero el hambre es su lucha diaria.
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“Mis hijos comen sólo una comida al día. A veces no comen en absoluto porque no tenemos agua para cocinar. La carpa es pequeña, se inunda cuando llueve”, describió.
La organización, que trabaja en Burundi desde 2016, proporciona apoyo, pero la escala de necesidades supera los recursos disponibles.
De hecho, el Gobierno de Burundi lanzó un llamamiento a la ONU y socios internacionales para recaudar al menos 33 millones de dólares destinados a 90.000 recién llegados en los últimos cuatro meses, aunque sólo se reunió el 10 % de esa cifra.
“Sin fondos adicionales inmediatos, corremos el riesgo de fallarles. La comunidad internacional debe actuar ahora para proteger a estos niños y sus familias”, afirmó el jefe de Save the Children en Burundi, Geoffrey Kirenga.
La violencia se intensificó con la captura este mes de la estratégica ciudad de Uvira, en Kivu del Sur, por parte del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23).
La toma de Uvira ocurrió después de que los presidentes de RDC, Félix Tshisekedi, y de Ruanda, Paul Kagame, firmaran el 4 de diciembre un acuerdo de paz en Washington, con la mediación de EE.UU. y en presencia de su homólogo estadounidense, Donald Trump.
Desde entonces, ambas partes se han acusado mutuamente de violar el acuerdo.
El M23 -que tiene apoyo de Ruanda, según la ONU y varios países occidentales- anunció después su retirada de Uvira a petición de Estados Unidos, aunque la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó de que los combates continuaron al sur de la ciudad.
Desde 1998, el este de la RDC vive un conflicto sostenido entre grupos rebeldes y el Ejército, pese al despliegue de la misión de paz de la ONU (MONUSCO).
