Carney viaja a China para reajustar relaciones y reducir su dependencia comercial de EEUU

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Toronto (Canadá), 13 ene (EFE).- El primer ministro canadiense, Mark Carney, parte este martes hacia Pekín para iniciar a partir del 14 de enero tres días de visita oficial a China, la primera al país de un líder canadiense desde 2017, y en el contexto de las tensiones comerciales y políticas entre Ottawa y Washington.

Durante su visita, Carney se reunirá con el presidente chino Xi Jinping, su primer ministro, Li Qiang, así como con otros líderes políticos y empresariales con la intención de mejorar la posición de Canadá.

El líder canadiense ha dejado claro que su presencia en China es una respuesta directa a la transformación del panorama comercial y político que está suponiendo la segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, que ha impuesto elevados aranceles a Canadá a pesar de ser su principal socio económico.

"En un momento de trastorno global del comercio, Canadá está concentrada en tener una economía más competitiva, sostenible e independiente. Estamos forjando nuevas asociaciones en todo el mundo para transformar nuestra economía de una que ha dependido de un único socio comercial a otra que es más fuerte y resiliente a las sacudidas mundiales", afirmó Carney al anunciar su viaje.

Altos funcionarios canadienses han insistido en que la visita de Carney a China forma parte del "reajuste" de las relaciones de Canadá con el gigante asiático, especialmente en el campo comercial, donde los dos países han estado intercambiándose golpes desde hace un par de años.

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A instancias de Estados Unidos, Ottawa impuso, primero, en agosto de 2024 aranceles del 100 % a los vehículos eléctricos chinos y del 25 % al acero y al aluminio del país.

En respuesta, las autoridades chinas gravaron las importaciones de aceite de colza canadiense con un 100 % en marzo de 2025 y las de semilla de colza con un 76 % en agosto del año pasado, así como un 25 % a porcino y a la pesca, lo que está causando graves problemas a los productores canadienses.

En el pasado, Pekín ha indicado que podría eliminar los aranceles a los productos canadienses a cambio de que Ottawa elimine las trabas a los vehículos chinos.

En el campo político, Canadá también tiene interés en remendar las relaciones que quedaron gravemente dañadas cuando en diciembre de 2018, Ottawa, de nuevo a instancias del Gobierno estadounidense, arrestó a la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou.

La situación no se resolvió hasta 2021, cuando Washington, Pekín y Ottawa llegaron a un acuerdo a tres bandas para liberar a Wanzhou así como a dos canadienses, el exdiplomático Michael Kovrig y el empresario Michael Spavor, a los que China detuvo y acusó de espionaje.

A pesar de las liberaciones, la tensión política entre Ottawa y Pekín se ha mantenido.

Ahora, el interés del Gobierno de Carney de reducir su dependencia comercial de EE.UU., destino del 76 % de sus exportaciones, y la belicosidad de Trump, que ha expresado su intención de anexar Canadá, hacen de China un país al que cortejar.

El coqueteo de Carney con China también ha causado alarma en algunos sectores del país.

Kovrig y la organización Human Rights Watch (HRW) señalaron que Carney debería presionar a China en materia de derechos humanos y advirtieron contra la tentación del Gobierno canadiense de llegar a acuerdos sectoriales con Pekín.

Otras voces han recordado que este año EE.UU., México y Canadá tienen que revisar el T-MEC y que la mejora de las relaciones chino-canadienses puede alienar a Trump, empeorando sus viscerales reacciones contra el país vecino.