El costo final va a rondar los 537 millones de dólares por kilómetro construido, mientras que la línea japonesa Tokio-Nagoya costará 426 y el Lyon-Turín se quedará en 182 millones por kilómetro. En estos dos casos, los accidentes geográficos que esas líneas deben salvar son mucho más complejos que el paisaje de suaves colinas del centro de Inglaterra por donde discurre la línea británica.
Esta línea "lleva camino de ganar el premio a la vía férrea más cara del mundo", ironiza el diario, que ha estudiado y comparado los costos de 94 líneas de alta velocidad en el mundo con datos del Proyecto de Costes del Tránsito (TCP, siglas en inglés).
Existe una línea de alta velocidad entre Londres y París (HS1), por debajo del Canal de la Mancha, que opera desde 1995 con un innegable éxito de público (19,5 millones de pasajeros en 2024), pero la siguiente línea (HS2) hasta Birmingham -de unos 160 kilómetros-, cuya construcción empezó en 2009, acumula varios años de retraso.
El rotativo atribuye los sobrecostos a un cúmulo de razones: marginación del Network Rail (sistema ferroviario británico) somo supervisor principal, excesivo poder de los contratistas, el precio desbocado del túnel de Sheephouse Wood por consideraciones ambientales, el del viaducto de Colne Valley, donde el diseño primó sobre la funcionalidad, o la expropiación de terrenos que finalmente no fueron utilizados.
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La línea Londres-Birmingham se planeó en un primer momento para 2027, luego se extendió el plazo hasta 2033 y luego esa fecha también se descartó, sin que exista otra en firme para entrar en funcionamiento.
