Sales, ves, y apuntas, vuelves a casa y escribes. Cierras la nota pero no se puede enviar, el tiempo pasa y la noticia se queda vieja, vuelves a salir, a ver y a apuntar y la actualizas de nuevo, pero sigue sin poder mandarse.
Durante cinco días sales a diario, antes de las 16:00, hora a partir de la cual Teherán está bajo un toque de queda tácito. Los comercios están cerrados, en las calles no hay transeúntes y lo único que ves es un gran despliegue de seguridad.
Sin acceso a fuentes, recompones lo que está ocurriendo hablando con testigos que informan a EFE de auténticas "zonas de guerra" y "batallas campales" en varios puntos de la ciudad, donde se han producido fuertes choques entre manifestantes y Policía, especialmente en las noches del jueves y el viernes.
Eso solo se puede ver si sales a ver y a apuntar.
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Llamas por teléfono -las llamadas locales sí han funcionado parcialmente estos días- pero la información que llega es escasa, la gente teme que las comunicaciones estén intervenidas, nadie quiere hablar demasiado. Hay que tener interacciones personales para conseguir información y hay que salir.
Con el acceso al internet global cortado, sin llamadas internacionales y los sms deshabilitados, todos los corresponsales están igual. Es un momento de frustración compartida y de solidaridad entre colegas.
Los corresponsales experimentan de primera mano el bloqueo de las comunicaciones con el exterior. Dentro de Irán solo funciona la intranet iraní que da acceso a medios oficiales y solo es posible realizar llamadas locales aunque algunos días también están bloqueadas durante la tarde y la noche.
Así es imposible para los informadores contar lo que otros medios desde fuera del país han descrito como unos de los disturbios más tensos y violentos en el país persa en años.
"Yo creo que lo más difícil es la frustración de no poder contarlo, ser testigo de lo que ocurre y no poder contarlo", dice la corresponsal de France24 y la Vanguardia Catalina Gómez, que vive en Irán desde hace 17 años.
"Y un sentimiento de desconexión, tan acostumbrados que estamos a Twitter a Instagram y a los medios internacionales por lo que ha sido una desintoxicación", añade.
Entre sus frustraciones, no entender lo que estaba pasando dentro de Irán y la dificultad para conocer lo que ocurría en otras zonas del país en medio de la confusión, la tarea de los periodistas continúa.
"Muy frustrante", coincide otro informador, al resumir: "Estás en el país y puedes explicar lo que estás viendo pero no puedes enviar la información, es muy frustrante".
"Por un lado eres un privilegiado como periodista porque estás aquí pero, al mismo tiempo, no tienes voz porque no puedes transmitir", añade.
Las calles de Teherán amanecieron el martes con tráfico, negocios abiertos y ya las líneas de teléfono paulatinamente reconectando con el exterior tras cinco días en los que la tensión, los enfrentamientos y las protestas colocaron a Irán ante los mayores disturbios y pulso al poder en años.
Las noticias de los fallecidos son escasas en Irán, mientras en el exterior algunas ONG como Iran Human Rights (IHRNGO) elevaban este lunes a 648 el número de manifestantes fallecidos durante las protestasm en Teherán solo hay rumores.
Mientras Teherán recupera cierta normalidad, el trabajo de los corresponsales se reactiva. Internet sigue inoperativo, pero al menos las llamadas internacionales empiezan a funcionar. Y por unos días se vuelve a aquellos años en los que había que dictar las noticias a la redacción para poder contar lo que ocurría en el mundo.
