"Si he cometido un delito, como todo el mundo parece decir que hemos hecho, nunca tuvimos la sensación de haber cometido el más mínimo delito", aseguró Le Pen ante los jueces en la que es la primera vez que reconoció haber podido efectuar una infracción en la financiación de su partido con fondos del Parlamento Europeo.
Su postura, que fue secundada por la mayor parte de los otros once acusados -de los 25 condenados en primera instancia la mitad no ha recurrido la sentencia- marca un punto de inflexión en su línea de defensa, que hasta ahora se obstinaba en negar toda falta e, incluso, en recusar la legitimidad de los tribunales para fiscalizar el trabajo parlamentario.
Le Pen, condenada en marzo pasado a cuatro años de cárcel, dos exentos de cumplimiento, y cinco de inhabilitación, con imposición preventiva inmediata, busca rectificar para tener opciones de presentar una cuarta candidatura al Elíseo.
La inhabilitación pronunciada en primera instancia se lo impedía y su imposición preventiva reposaba sobre todo en su obstinación en no reconocer el delito, que para los jueces constituía un riesgo de reincidencia.
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La líder de la extrema derecha, que multiplicó las declaraciones a la prensa durante el anterior juicio, reservó ahora sus palabras a los jueces y abandonó el palacio de justicia sin hacer declaraciones.
Es otro cambio de postura ante su estrategia de politizar el caso y presentarse ante la opinión pública como víctima de la persecución judicial.
Le Pen apareció con otro tono ante los magistrados, que previamente habían leído durante horas el acta de acusación que sirvió de base para su condena en primera instancia.
En la sentencia dictada en marzo pasado, los jueces le situaban en la cúspide de un sistema ideado por su padre y que ella impulsó durante tres legislaturas, consistente en pagar con fondos de la Eurocámara a asistentes parlamentarios que en realidad trabajaban para el partido.
Entre 2004 y 2016 consideraron probado que desviaron más de 4,4 millones de euros.
Al término de la lectura, Le Pen tomó la palabra para justificar su recurso y lo hizo con un argumento novedoso, el de la involuntariedad y la transparencia de sus actos, al tiempo que acusó al Parlamento Europeo de no haber alertado de que estaban actuando en contra de sus normas.
"Nunca hemos disimulado nada, ni nuestras actividades ni nuestros contratos. Estaban a la vista de todos", insistió.
Uno por uno, el resto de los acusados, como el ex tesorero Wallerand de Saint-Just o su antigua mano derecha Louis Aliot, reiteraron el mismo argumento de que pensaban estar actuando en perfecta legalidad cuando contrataban a los asistentes parlamentarios para efectuar labores partidistas.
Una estrategia coordinada que es el fruto de una reflexión jurídica con la que Le Pen persigue agotar sus últimas opciones de poder optar al Elíseo en unas elecciones en las que los sondeos le sitúan como la principal favorita.
Un planteamiento que no acaba de convencer al abogado del Parlamento Europeo, Patrick Maisonneuve, quien sí habló a la prensa para mostrar sus dudas: "Parecen no contestar, ya que cometieron un delito (...), pero tendremos que verlo durante las audiencias", dijo el letrado, que insistió en la existencia del desvío de fondos que hasta ahora negaba la extrema derecha.
Le Pen ya ha asegurado que, en caso de que la sentencia en apelación, que se espera este verano, sea condenatoria, renunciará a su candidatura incluso antes de que se resuelva el posible recurso ante el Supremo, previsto antes de que acabe el año.
El partido lleva ya tiempo trabajando en la candidatura de sustitución de Jordan Bardella, su mano derecha, que a sus 30 años ha demostrado ya una gran eficacia electoral como cabeza del cartel para las europeas de 2024 en las que firmó una aplastante victoria.
Bien posicionado en los sondeos, incluso en algunos mejor que Le Pen, el joven político se mantiene alejado del proceso contra su mentora para evitar que su imagen se vea salpicada, al tiempo que sigue trabajando su imagen de estadista, reforzada por el buen manejo de las redes sociales y del cara a cara con el público, que ha convertido sus libros en éxitos de ventas.
