Al menos 7 muertos, incluido un ciudadano chino, en una explosión en el centro de Kabul

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Kabul, 19 ene (EFE).- Al menos siete personas murieron, entre ellas un ciudadano chino, y otras 20 resultaron heridas en la fuerte explosión que sacudió este lunes el centro de Kabul, según confirmó el hospital de la ONG italiana Emergency y corroboraron las autoridades talibanes.

"Desafortunadamente, siete personas llegaron ya fallecidas", informó en un comunicado Dejan Panic, director del programa de Emergency en Afganistán, cuyo balance de víctimas "todavía está evolucionando".

El centro quirúrgico de la organización, referencia para heridos de guerra en la capital, activó sus protocolos de víctimas masivas tras recibir la afluencia de heridos desde el área de Shahr-e-Naw (Cuarto Distrito Policial), una zona conocida por albergar oficinas corporativas y alojamientos frecuentados por visitantes extranjeros.

El portavoz de la Policía de Kabul, Jalid Zadran, precisó en un comunicado que la detonación se produjo sobre las 15.00 horas (10.30 GMT) en el interior del restaurante 'Chinese Noodle', un establecimiento de la calle Gulforoshi gestionado conjuntamente por socios afganos y chinos.

"En la explosión murieron un ciudadano chino llamado Ayyub, que era musulmán, y seis ciudadanos afganos", detalló Zadran. El portavoz explicó que el local estaba regentado por un residente de la región china de Xinjiang y servía comida para la comunidad musulmana china.

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Según la investigación preliminar, el estallido se originó "cerca de la zona de la cocina", aunque los equipos de seguridad todavía están determinando la naturaleza exacta del explosivo.

Aunque las autoridades talibanes no han confirmado si se trata de un atentado, medios locales como Amu TV indican que el estallido podría haber tenido como objetivo a ciudadanos chinos alojados en el establecimiento.

Este incidente es similar a sucesos anteriores en el mismo distrito, como el ocurrido en diciembre de 2022, cuando un grupo de hombres armados asaltó el Hotel Longan, muy popular entre empresarios chinos, en un ataque que dejó varios heridos y fue reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico de Korasán (EI-K), el brazo afgano del EI.

Este tipo de brechas de seguridad en pleno centro de Kabul se han convertido en sucesos atípicos desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021. Los fundamentalistas basan gran parte de su legitimidad interna en haber restaurado el orden tras veinte años de guerra, aunque la amenaza terrorista ha mutado hacia ataques urbanos selectivos liderados por el EI-K.

El Estado Islámico ha centrado su estrategia en atacar objetivos como mezquitas de minorías chiíes, intereses diplomáticos y extranjeros en Kabul. En los últimos años, han atacado las embajadas de Rusia y Pakistán, así como hoteles frecuentados por inversores chinos.

Para el Gobierno de Kabul, que no es reconocido oficialmente por ningún país del mundo, garantizar la seguridad de los pocos extranjeros e inversores que visitan Afganistán es vital para intentar reactivar una economía asfixiada por las sanciones y el bloqueo de reservas.

China, en particular, se ha convertido en un socio económico clave para los talibanes, con intereses en el sector minero y petrolero, por lo que cualquier amenaza a sus ciudadanos representa un revés para las aspiraciones de desarrollo del Emirato Islámico.