Madres ucranianas protegen a sus hijos del frío ante los cortes de energía y ataques rusos

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Leópolis (Ucrania), 19 ene (EFE).- Las familias ucranianas con niños pequeños luchan contra los continuos cortes de electricidad y calefacción en medio de un frío intenso, mientras tratan de proteger a los más vulnerables del impacto acumulado de los ataques rusos.

Sviatoslav, de tres años, se aferra a su madre mientras ella lo lleva con cuidado por un sendero estrecho y resbaladizo a través de la espesa capa de nieve que cubre la ciudad occidental de Leópolis.

Allí la mayoría de los hogares solo tienen electricidad entre 10 y 12 horas al día, lo que aun así es más que en gran parte del resto del país.

Su destino es una guardería local, que aunque no cuenta con un generador eléctrico para los apagones, dispone de un sistema de calefacción fiable que mantiene al niño abrigado, explica su madre, Tetiana Oleinikova.

"En casa la situación no es crítica, pero hace bastante frío cuando no hay luz", cuenta a EFE Oleinikova, desplazada de la región de Lugansk y madre de dos hijos.

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Los antiguos radiadores del apartamento alquilado funcionan durante los cortes de electricidad, ya que el suministro de gas se mantiene estable pese a los ataques rusos contra la infraestructura gasística.

Sin embargo, no logran calentar adecuadamente la vivienda cuando por la noche las temperaturas descienden hasta los 17 grados bajo cero.

Cuando los apagones impiden usar también la estufa eléctrica que tiene, Oleinikova enciende el horno de gas en la cocina y deja la puerta abierta para que el calor que desprende ayude a aumentar la temperatura del apartamento.

Tras haber perdido su casa y su trabajo estable debido a la ocupación rusa, utiliza el gas con moderación para mantener bajos los gastos de servicios.

Los cortes empeoran y su hijo Yegor, de 10 años, se asusta con el sonido de las explosiones.

Aun así, reacciona con entereza, pese a criar sola a sus dos hijos, ya que su marido sirve en el ejército y su madre permanece en la región ocupada.

Oleinikova no contempla huir al extranjero, pues considera que sería "injusto" dejar solo a su marido en Ucrania.

"Todo es imprevisible, pero espero lo mejor", subraya al señalar que muchas familias están en una situación mucho peor.

Millones de habitantes de ciudades como Odesa y Kiev soportan decenas de horas sin electricidad en medio de los ataques diarios rusos contra el sistema energético, con reparaciones que tardan cada vez más tras cada nuevo bombardeo.

"Conozco a muchas madres cuyos bebés están enfermos todo el tiempo por el frío, a pesar de dormir con ropa de abrigo", dice a EFE Marina Kolobanova, fotógrafa de 35 años de Odesa, que señala que ella solo dispone de unas tres horas de electricidad al día.

La madre de Amelia, de 10 meses, encuentra difícil aceptar que algo así pueda estar ocurriendo "en el siglo XXI", mientras se adapta a la nueva realidad en su apartamento del piso 23, donde todo depende de la electricidad.

"Por la mañana utilicé el agua caliente del termo para darle a mi bebé gachas de avena calientes. A la hora del almuerzo ya estaba fría, así que comimos requesón y un pepino", explica.

"Todo esto ocurre mientras mi hija Amelia está empezando a comer alimentos sólidos y necesito cocinar y calentar gachas, carne y verduras para ella", subraya.

Debido al riesgo de incendios, Kolobanova no se atreve a usar un hornillo de gas portátil.

En lugar de un frigorífico, que no logra mantener el frío durante apagones prolongados, utiliza una caja de plástico colocada en el balcón. El generador eléctrico garantiza el suministro de agua y la calefacción, aunque ya se ha averiado varias veces.

El apartamento de Kolobanova tembló cuando un dron ruso impactó hace varios meses en el aparcamiento cercano al edificio.

Durante los paseos escucha a niños de apenas dos años preguntar a sus madres por qué los rusos quieren matarlos, mientras niños algo mayores hablan de la diferencia entre misiles y drones.

Con un niño pequeño, tres perros y un gato, a Kolobanova le resulta difícil que su familia se marche.

"Tampoco queremos hacerlo. Aquí está la familia, aquí está el hogar, aquí está nuestra gente", subraya, mientras su hija observa una lámpara decorativa a pilas que ilumina la habitación oscura.

"Todos estos intentos de Rusia no nos intimidarán ni nos quebrarán. Mi bisabuela sobrevivió al Holodomor y a Stalin. Y nosotros sobreviviremos a este genocidio de Rusia y de (el presidente ruso, Vladimir) Putin", concluye Kolobanova.