El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Guo Jiakun señaló hoy en una rueda de prensa que los pandas Xiao Xiao y Lei Lei, actualmente alojados en el zoológico de Ueno, regresarán a China antes de febrero de 2026, tal y como estaba estipulado.
Preguntado por la posibilidad de prorrogar el acuerdo de cesión o de enviar nuevos ejemplares al archipiélago una vez expire el actual convenio, Guo evitó pronunciarse y remitió cualquier decisión futura a las autoridades competentes en la materia.
El portavoz se limitó a subrayar que China es consciente del fuerte vínculo emocional que existe en Japón con estos animales y recordó que "hay un amplio grupo de aficionados a los pandas en Japón", a quienes invitó a desplazarse a China para seguir viéndolos.
"Damos la bienvenida al público japonés para que visite China y vea pandas", afirmó.
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La devolución de Xiao Xiao y Lei Lei, nacidos en 2021, dejará a Japón sin pandas por primera vez desde 1972, cuando la llegada de los primeros ejemplares al zoo de Ueno se convirtió en un símbolo de la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Desde entonces, el préstamo de estos animales ha sido una de las expresiones más visibles de la llamada 'diplomacia del panda' china.
El envío de pandas como herramienta diplomática por parte de China se remonta décadas atrás y se consolidó en Japón con la llegada de los primeros ejemplares al zoo de Ueno, el más antiguo del país, en 1972 tras la normalización de las relaciones los dos países.
Desde entonces, Japón ha acogido y criado a más de una veintena de ejemplares, que han sido recibidos con gran entusiasmo por los japoneses y han servido como símbolo de amistad entre las naciones.
La marcha de los últimos ejemplares se produce en un contexto de enfriamiento de las relaciones bilaterales entre Tokio y Pekín, marcado por desacuerdos políticos y de seguridad, lo que ha alimentado la incertidumbre sobre un eventual envío de nuevos pandas al país asiático.
En los días previos al anuncio, cientos de personas llegaron a hacer colas de varias horas en el zoo de Ueno para despedirse de los animales, cuyo impacto económico y simbólico ha sido notable en la capital japonesa.
