"Restauraremos el Acuerdo Militar del 19 de septiembre para evitar choques accidentales y construir confianza política y militar entre las dos Coreas. Asimismo, seguiremos explorando soluciones creativas que hagan de la paz un beneficio para ambas partes", aseguró el mandatario durante una rueda de prensa para explicar las prioridades de su Gobierno para el año 2026 en Seúl.
El acuerdo militar de 2018, firmado en Pionyang durante una cumbre entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el entonces presidente del Sur, Moon Jae-in, supuso un importante paso para reducir la tensión militar en la península, especialmente en sus fronteras, aunque fue suspendido por ambas partes entre 2023 y 2024.
Desde entonces, Corea del Norte se ha volcado en la modernización de su programa armamentístico, con varias pruebas de misiles y lanzamientos de satélites, y ha rechazado reiniciar el diálogo, optando en su lugar por reforzar su acercamiento a Rusia y China.
Durante la rueda de prensa, Lee reconoció que Pionyang continúa produciendo material fisible "para producir de 10 a 20 bombas nucleares al año", y alertó de la posibilidad de que el régimen trate de exportar sus armas si se retiran las sanciones y se les reconoce como Estado nuclear.
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"En este punto no podemos pensar en unificación sino en evitar una guerra", aseguró el mandatario.
Aun así, el surcoreano destacó la importancia del diálogo para logar la desnuclearización de la península, y apuntó al presidente estadounidense, Donald Trump, como un posible aliado en este objetivo, por lo que prometió "facilitar" las conversaciones entre Pionyang y Washington.
Lee también hizo referencia a su plan de primero detener el desarrollo de armas nucleares norcoreano, para después reducir tales armas y finalmente lograr la desnuclearización. "Podemos ir paso a paso con este enfoque. Lo que trato es lograr con un camino pragmático la desnuclearización", aseguró el presidente.
Las declaraciones de Lee se producen tras el aumento de tensiones por la incursión de dos drones surcoreanos, supuestamente operados por civiles, en Corea del Norte. Los actos fueron denunciados este mes por Pionyang, a lo que Seúl respondió con una investigación conjunta entre su Ejército y Policía.
