Las autoridades migratorias de Panamá informaron a EFE que hasta el domingo pasado habían llegado al país 555 venezolanos, siete colombianos, tres ecuatorianos, tres estadounidenses y nueve ciudadanos de países extracontinentales.
La mayoría viene de México, donde se quedaron varados ante la imposibilidad de pasar la frontera con EE.UU debido a los controles.
En Panamá, llegan sobre todo a Miramar, un poblado de la costa del Caribe, donde toman botes para llegar a la comunidad de Puerto Obaldía, en la provincia selvática de Darién, fronteriza con Colombia, donde por la vía marítima viajan a la localidad colombiana de Necoclí.
EFE no ha tenido acceso a la cifra total de migrantes en flujo inverso que llegaron a Panamá en el 2025, que supera los 13.200 de acuerdo con datos oficiales difundidos el 1 de julio pasado.
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Este viaje a la inversa, de norte a sur, es un reflejo del fin de la crisis migratoria que asoló al Darién a partir de 2021 protagonizada especialmente por venezolanos que huían de la crisis generalizada en su país.
"Los tránsitos irregulares por Darién se desplomaron de 302.203 en 2024 a apenas 3.091 este año, una reducción del 99 %", según informó el pasado 31 de diciembre el Ministerio de Seguridad Pública.
El peor año de la crisis fue el 2023, cuando 520.085 viajeros irregulares, la gran mayoría venezolanos, cruzó la selva, muy por encima de los 248.283 de 2022 y los 133.726 de 2021, de acuerdo con las cifras oficiales.
La drástica caída de los flujos migratorios hacia Norteamérica se atribuye a la dura política inmigratoria del Gobierno del presidente Trump, basada en deportaciones masivas y fuertes restricciones internas para esta población, a lo que se suma medidas panameñas como el cierre de caminos en la selva del Darién.
