A partir de mediados de febrero, la venta de alcohol para consumo en la calle en la capital, lo que excluye las terrazas con licencia, estará prohibida de domingo a jueves entre las 23.00 horas y las 8.00 horas (misma hora GMT), mientras que los viernes, sábados y vísperas de festivos empezará a aplicarse a partir de medianoche.
La restricción afecta a todo tipo de establecimientos, desde tiendas hasta restaurantes, bares y discotecas.
La reacción de los lisboetas a la medida, que busca reducir el ruido para molestar menos a los vecinos de zonas como el Bairro Alto, ha sido dispar.
Gran parte de los propietarios de negocios se oponen a la norma: Marta Fernandes, encargada de un bar en Barrio Alto, sostuvo en declaraciones a EFE que "no tiene sentido que esta medida sea aplicada en un espacio de tiempo tan corto", y apuntó que va en contra de la idiosincrasia de la fiesta en Lisboa.
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"En la cultura de Bairro Alto la gente no se queda todo el rato dentro de los bares consumiendo. Salen a la calle, van a varios bares y de camino a cada bar se llevan la bebida", afirmó Fernandes.
La población defiende que es necesario combatir el ruido, aunque algunos no están conformes con la manera en que se va a hacer.
Martina, estudiante, dijo a EFE que puede ser positivo porque el Bairro Alto "se puede volver peligroso pasadas las 11 de la noche y hay que ir con cautela".
Patrick, un universitario suizo de Erasmus en Lisboa, explicó a EFE en portugués, aunque no tardó en cambiar al inglés por comodidad, que él prefiere salir por la zona de Alfama, próxima al Bairro Alto, porque a allí "la gente se comporta y no tira todo al suelo".
Dar un paseo por el Bairro Alto un viernes o un sábado por la noche basta para comprobar el alboroto a la puerta de los bares, donde suele congregarse la gente a beber, lo que contrasta a veces con el interior de los locales, que muchas veces esta vacío.
A la salida de su casa, en un edificio con la típica fachada de azulejos portuguesa, Joaquim opinó que prohibir únicamente la venta de alcohol para consumo en la calle es una "manera indirecta" de resolver el problema, ya que ayudaría más una mayor vigilancia policial.
"Si el problema es el consumo en la calle -subrayó-, que se resuelva el problema directamente. Consumir es una cosa y vender es otra".
La entrada en vigor de la prohibición puede no tener un impacto significativo, porque las personas pueden seguir tomando alcohol en la calle.
Casos como llevar bebidas alcohólicas de casa o comprarlas en los bares o establecimientos antes de las horas donde aplica el veto no están contempladas. Martina y Patrick admitieron que, si tuvieran alcohol en casa y quisieran beber, se lo llevarían fuera.
Por lo pronto, y a días de que comience la medida, en las estanterías de muchas tiendas de conveniencia del Bairro Alto todavía se ven ofertas de bebidas espirituosas.
El impacto real de esta restricción en los negocios no se verá, según Fernandes, hasta los meses de temporada alta de turismo, cuando llegue el calor.
"En verano va a perjudicar mucho, porque es temporada alta y donde se hace más dinero. Llegaremos a hablar de miles de euros cada mes", concluyó.
La medida, propuesta en 2024, fue aprobada a mediados de enero con los votos a favor de la coalición gobernante de centroderecha, el Partido Social Demócrata (PSD), el democristiano CDS-P e Iniciativa Liberal (IL), el Partido Socialista (PS) y el ultraderechista Chega.
