Los oficiales realizaron el miércoles una redada en el domicilio en Sídney del acusado, quien no fue identificado, en la que detuvieron al sospechoso e incautaron varios objetos, entre ellos un teléfono móvil, apunta la Policía Federal en un comunicado.
El acusado, a quien se le ha denegado la libertad bajo fianza, deberá comparecer este jueves antes un tribunal local para la lectura de cargos formales y, de ser hallado culpable en un juicio, se enfrenta a una pena máxima de hasta 10 años de prisión.
Por su parte, la ministra de Exteriores, Penny Wong, declaró hoy que Herzog visita Australia para "para honrar a las víctimas" del ataque terrorista perpetrado el pasado 14 de diciembre por dos individuos, inspirados por la ideología del Estado Islámico, contra un acto de la comunidad judía en la popular playa de Bondi, en Sídney, que dejó 16 muertos, incluido un asaltante.
El presidente israelí "viene a brindar apoyo a la comunidad judía australiana", remarcó Wong, en una entrevista radiofónica con la emisora pública ABC.
Está previsto que Herzog aterrice en Sídney este domingo para una visita de cuatro días que ha generado críticas en algunos sectores de la población australiana y ante la cual se prevé un dispositivo para su protección de "3.000 turnos policiales", según la Policía de Nueva Gales del Sur.
Las autoridades australianas anunciaron esta semana una serie de medidas de seguridad de cara a la visita del presidente de Israel, que incluye la extensión del periodo durante el cual la Policía puede denegar la celebración de protestas tras un atentado.
El Parlamento australiano aprobó en diciembre leyes que permiten a la Policía negar la autorización para protestas tras un ataque terrorista y la declaración puede extenderse en periodos de dos semanas hasta un máximo de tres meses.
La ampliación de la restricción afecta al centro de Sídney y a zonas del este de la ciudad, entre ellas Bondi, y se produce mientras se convocan a lo largo de toda Australia protestas contra la visita de Herzog.
El presidente israelí fue invitado a Sídney por el primer ministro australiano, Anthony Albanese, tras el atentado, calificado por el dirigente de antisemita y a raíz del cual se han emprendido una serie de medidas, entre ellas restricciones a la tenencia de armas.
