"Evidentemente, tenemos un problema", admite Íñigo Ayllón, responsable del Comité Legal y de Seguridad de la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF), nuevo deporte olímpico.
"Para las pruebas necesitas contar con una estación de esquí a cota de cafetería, de calle, digamos, para que sea accesible al público, y no siempre hay nieve", dice.
"Todo el sector percibe que las administraciones están dejando de invertir dinero público en estaciones por debajo de 2.000 metros, porque en poco tiempo no serán rentables", apunta Ayllón a EFE.
Según un estudio encargado por el Comité Olímpico Internacional (COI), el número de posibles sedes de los Juegos será cada vez menor: si ahora podrían organizarlos 93 localidades, serán solo 52 en la década de los cincuenta y 46 en los ochenta.
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Con el fin de reducir el impacto de los Juegos sobre el medio, Milán-Cortina 2026 ha minimizado la construcción de instalaciones, aprovechando las ya existentes. Pero ha quedado un mapa de competición desperdigado por 22.000 km cuadrados en los Alpes italianos.
El New Weather Institute calculó en enero que Milán-Cortina 2026 generará unas 930.000 toneladas de emisiones de dióxido de carbono, 410.000 derivadas del transporte de espectadores por un territorio tan extenso.
El ideal de unos Juegos en torno a una coqueta estación de esquí, vocación con la que nacieron en 1924 en Chamonix (Francia) y que quizá tuvo su última expresión en 1994 en Lillehammer (Noruega), ha dado paso a una competición centrada en las grandes ciudades y con subsedes lejanas.
Los Juegos de 2022 se disputaron en Pekín, que en 2008 organizó los Juegos de verano. Y después de Milán vendrán en 2030 los Alpes franceses, con sedes tan poco asociadas al imaginario invernal como Niza.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) firmó en 2024 un acuerdo pionero con una federación deportiva, la de esquí (FIS), para colaborar en el efecto del aumento de las temperaturas.
Esa temporada se cancelaron 26 pruebas de la Copa del Mundo, la principal competición anual, debido a condiciones meteorológicas adversas.
Ayllón, también fundador de la consultora de montaña Ad Montem, subraya que "un grado de diferencia puede significar que llueva o que nieve, que hiele o no". El calentamiento "no solo implica problemas de sostenibilidad, también de seguridad" para los deportistas.
"Hay pruebas por terreno glaciar y ahora los glaciares tienen más grietas, son más inseguros. La falta de nieve, pero también la calidad de la nieve, obliga a cambiar trazados", indica.
El informe de New Weather Institute señala que en los últimos cinco años Italia ha cerrado 265 estaciones de esquí y Francia más de 180.
Las pruebas de nieve de los Juegos de Pekín 2022 se disputaron enteramente sobre nieve artificial, vital para la supervivencia de una industria con temporadas cada vez más cortas, pero con un claro efecto medioambiental: los cañones consumen energía y agua y a veces utilizan aditivos.
"Es un tema complejo", admite Ayllón. "Todas las estaciones de esquí los tienen. Decir que se primará a quien tenga nieve natural asegurada frente a quien recurra a los cañones es poco realista. Estaríamos en esa difícil lucha entre seguir o cerrar el garito".
Desde las federaciones deportivas, indica, una contribución fundamental a la sostenibilidad tiene que ver con el calendario de competición.
"Hay que agrupar destinos, por ejemplo reunir en una semana todas las pruebas de Norteamérica. Si los equipos tienen que volar, que sea para varias competiciones", dice.
Otra medida es elegir sedes que reúnan criterios de cercanía a aeropuertos y hoteles o de gestión de residuos.
Los Juegos de Milán presumen de aportar "un legado de sostenibilidad e innovación" con iniciativas como la reutilización de infraestructuras, la distribución de excedentes de comida y la mejora de la eficiencia energética en hoteles y estadios.
Sin embargo, en el 'debe' tiene que apuntarse la construcción de una nueva pista de bobsleigh, luge y skeleton en Cortina, contra la opinión del COI, que prefería competir incluso en otro país para evitar una infraestructura más.
Ayllón opina que quizá haya que despedirse del actual modelo de calendario, con fechas fijas en determinadas estaciones, y pensar en una suerte de "acampada itinerante" de dos meses, con los competidores desplazándose allí donde haya nieve.
"Hemos vivido 50 años en una burbuja, pero ahora nada es como lo conocimos. La solución es adaptarse y, en lo que podamos, minimizar el impacto", resume.
