El Muro de los Lamentos está en la Ciudad Vieja de Jerusalén, una zona ocupada por Israel en 1967. Es el último vestigio del Segundo Templo destruido por los romanos y es el lugar más sagrado donde el rabinato permite rezar a los judíos.
En el sitio hay tres zonas para orar: la más grande destinada a los hombres, otra para mujeres y una tercera que es mixta, pero que no cuenta con la aprobación del rabinato de Israel, dominado por los ultraortodoxos.
El proyecto de ley fue aprobado en una primera lectura parlamentaria este miércoles, con 56 votos a favor y 47 en contra. La iniciativa fue presentada por el legislador de extrema derecha Avi Maoz y busca otorgar al Gran Rabinato plena autoridad sobre todas las secciones del muro.
Bajo directivas de rabinato
Bajo esta legislación, cualquier actividad contraria a las directivas del rabinato, incluidas las formas de culto no ortodoxas, sería definida como una “profanación”.
El primer ministro Benjamin Netanyahu no estuvo presente en la votación.
En el centro de la disputa se encuentra la zona de oración creada para acoger el culto mixto.
Lea más: Israel aplicará un fuerte dispositivo de seguridad por Ramadán
Varios movimientos judíos no ortodoxos -predominantes entre las comunidades judías de Estados Unidos, pero minoritarios en Israel- practican el culto en este lugar, pero se quejan de que es de difícil acceso y está mal distribuido.
Gesto a la comunidad judía
Con el fin de hacer un gesto a la comunidad judía estadounidense, el anterior gobierno de Netanyahu votó en 2016 a favor de establecer el área mixta, pero dio marcha atrás al año siguiente bajo la presión de sus aliados ultraortodoxos.
Esto implicó que el espacio mixto quedara establecido pero no se desarrollara.
El proyecto de ley presentado este miércoles es el último giro en el enfrentamiento entre el Ejecutivo de coalición de Netanyahu, uno de los más derechistas de la historia de Israel, y la Corte Suprema, cuyos poderes intenta restringir el gobierno.
La semana pasada, el alto tribunal ordenó al gobierno y a la municipalidad de Jerusalén que pusieran en marcha los planes, largamente pospuestos, para desarrollar y mejorar la sección mixta, incluida la expedición de permisos de construcción que llevaban casi una década estancados.
