El discurso que pronunciará desde la base naval de Ile Longe, en el extremo occidental de Bretaña (noroeste), marcará una línea de continuidad con el que dio en febrero de 2020, durante su primer mandato, pero sobre todo tendrá que incorporar los grandes cambios en la escena internacional que se han producido desde entonces.
Fuentes del Elíseo destacaron este miércoles entre esas novedades la evidencia de una "Rusia agresiva" que se ha ilustrado en particular con la invasión de Ucrania en febrero de 2022, y que además ha hecho planear la amenaza de las armas nucleares y ha acelerado el desarrollo de nuevo equipamiento, como los misiles hipersónicos o los torpedos nucleares.
También el hecho de que China esté incrementando su arsenal (Estados Unidos calcula que llegará a unas 1.000 cabezas nucleares para 2030), que Estados Unidos pide abiertamente que los europeos asuman su propia seguridad y que hay múltiples riesgos de descontrol de las reglas internacionales de no proliferación (con Corea del Norte o Irán como casos más visibles).
Otro elemento importante es lo que se conoce como "la dimensión europea" de la disuasión nuclear francesa, es decir, el hecho de que París considera que la seguridad europea forma parte de los intereses vitales de Francia y, como tal, la región debe recibir la cobertura de sus armas atómicas.
Ese elemento ha existido desde que Francia se dotó de armas nucleares a comienzos de los años 1960, durante la presidencia de Charles de Gaulle, pero Macron en 2020 le dio un contenido nuevo al mostrar disponibilidad para que los países interesados pudieran participar en sus maniobras.
Alemania había mostrado entonces interés por la propuesta, pero sobre todo esa dimensión europea se ha concretado con una fuerte cooperación con el otro país del Viejo Continente que también está dotado con armas nucleares, el Reino Unido.
En cualquier caso, la doctrina nuclear francesa excluye de entrada que la cobertura nuclear que pueda dar a otros países europeos signifique que puedan participar en cualquier decisión, ya que hay un principio absoluto de que el uso de las armas atómicas es una decisión soberana francesa, que corresponde a la persona del presidente de la República y sólo a él.
Desde su llegada al Elíseo, Macron ha lanzado una "renovación integral" de las fuerzas nucleares francesas y, para eso, se ha iniciado la construcción de submarinos de tercera generación, que estarán en servicio dentro de una decena de años, así como nuevos misiles con bombas atómicas adaptadas.
Francia cuenta oficialmente con algo menos de 300 cabezas nucleares, la mitad de las que tenía durante la Guerra Fría, lo que significa en torno a la quinta parte de las que podían acumular Rusia y Estados Unidos en virtud del acuerdo de control y supervisión New Start, cuya vigencia expiró a comienzos de mes.
Esas bombas pueden ser lanzadas por los submarinos SNLE con base en Ile Longue, de los cuales siempre hay alguno en misión; por los caza Rafale que forman parte de las Fuerzas Aéreas Estratégicas repartidas en tres bases y por otros aviones de combate que equipan el portaaviones Charles de Gaulle.
La disuasión nuclear francesa, que se asienta en el principio de un arsenal "estrictamente necesario" para poder causar "daños inaceptables" a un potencial adversario (teóricamente para así impedir su uso en la práctica), absorbe alrededor del 13 % del presupuesto militar francés.
