El cómico, de origen canadiense y nacionalizado estadounidense, dedicó el galardón a su padre, "el hombre más gracioso" que jamás conoció, y también hizo mención a sus antepasados, varias generaciones atrás, que emigraron desde Saint-Malo (Francia) a Canadá.
"Es quizás lo que mi familia buscaba", dijo Carrey en el escenario haciendo referencia al trofeo de forma cúbica, con el que consideró que él estaba haciendo la "cuadratura del círculo" que habían iniciado sus antepasados.
El protagonista de títulos icónicos como 'The Truman Show' o 'Ace Ventura' se atrevió con el francés, muy esforzadamente, pero su poca práctica con la lengua de Molière le sirvió para añadir un punto extra de humor a su discurso: "¿Cómo estuvo mi francés? ¿Más que mediocre, no?", lanzó al público del teatro Olympia de París.
Carrey, de 64 años y nacido en Newmarket (Canadá), dio las gracias a toda su familia por su apoyo y defendió ante el auditorio, que lo recibió con una ovación en pie, que "la vida es parodia".
"Si quieres que la fortuna te sonría, sonríele primero, es difícil pero hay que intentarlo", invitó.
La gala estuvo plagada de bromas y pequeños homenajes al dos veces ganador de un Globo de Oro, empezando por la apertura, en la que el presentador de la ceremonia, el actor francés Benjamin Lavernhe, se transformó en su personaje de 'The Mask' para bailar vestido de amarillo.
Presentó el premio en primer lugar la actriz francesa Camille Cottin, quien ejercía como presidenta de la ceremonia y alabó en especial la capacidad de Carrey para estirar su cara, "más allá de la gravedad y de la dignidad, a veces", con una "técnica sobrenatural".
Pero sobre todo celebró que se trata de un actor con capacidad para retratar la fragilidad y la vulnerabilidad, a veces histriónica, sin nunca juzgarla: "Nos recuerdas que el ridículo no es una falta".
