Un proyecto muestra a las bolivianas constructoras de paz desde el arte y la cotidianidad

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La Paz, 25 feb (EFE).- La construcción de paz a través del arte y la vida cotidiana en territorios que no están en guerra dio lugar a un proyecto destinado a otorgar voz y protagonismo a más de un centenar de mujeres obreras, emprendedoras, artistas e indígenas de seis municipios de Bolivia.

La directora ejecutiva de la Asociación Aguayo, Tania Oros, explicó a EFE que a través del proyecto, se buscó dar el mensaje de que las mujeres están "tejiendo paz permanentemente" y desde distintos ámbitos.

"No necesitamos de conflictos, no necesitamos de la guerra, ni de nada parecido. Las mujeres siempre estamos en construcción de paz, desde la familia, el barrio, la escuela, las mujeres siempre estamos buscando, hilando construcción de paz", manifestó Oros.

La iniciativa trabajó con 148 mujeres de los municipios de El Alto, Santa Cruz, Potosí, Villamontes, Coroico y Cochabamba.

En declaraciones a EFE, la coordinadora del Área de Gobernanza y Participación de las Mujeres en la Vida Pública de ONU Mujeres, Ivanna Fernández, destacó la aplicación del arte dentro de la iniciativa, porque permitió a las mujeres expresar lo que ven "necesario para consolidar la paz, el diálogo, el tejido social en su cotidiano vivir".

En su discurso, Oros precisó que en cada municipio se generaron "espacios seguros de encuentro", donde las mujeres "pudieron hablar de violencia, discriminación y exclusión, pero también de propuestas, liderazgos, transformación y de sus sueños".

"Trabajamos el enfoque de derechos humanos, no como discurso técnico, sino como herramienta práctica para la vida cotidiana. Convertimos el arte en metodología, muralismo, teatro, fotografía y tejido simbólico. Se transformaron en instrumentos para sanar, reflexionar y proponer algo", manifestó.

Así, además de las expresiones artísticas, el proyecto empleó la metodología de los "mapas de vida y genealogías", por la cual las mujeres dibujaron sus cuerpos para identificar zonas de dolor, cansancio y cuidado, con el fin de construir una narrativa colectiva para contribuir a la construcción de la paz entre ellas y su entorno.

Las protagonistas fueron mujeres tan diversas como sus territorios, desde costureras de El Alto, la ciudad vecina de La Paz, pasando por las encargadas del aseo público en el municipio de Coroico, en la zona subtropical de Los Yungas, hasta las indígenas weenhayek de Villamontes, en el sur boliviano, que hacen artesanías con una planta llamada caraguatá.

También participaron las integrantes del Colectivo Creativo Kuska, que reciclan azulejos desechados para hacer arte con la técnica del mosaiquismo; las valientes "guardas", las mujeres que cuidan las bocaminas en el Cerro Rico de Potosí, y un grupo de trabajadoras informales del Plan 3.000, uno de los barrios más deprimidos de Santa Cruz.

En algunos casos, se identificaron problemáticas comunes, como el trabajo en condiciones de precariedad, inseguridad y explotación, y la pobreza, mientras que las mujeres weenhayek deben afrontar también conflictos como el despojo territorial y la sequía que pone en riesgo su autonomía económica y cultural.

Oros destacó que mediante el proyecto se pudo "fortalecer capacidades locales, generar redes entre organizaciones y autoridades y dejar metodologías que puedan replicarse" en adelante.

También aseguró que quedó la "convicción de que la cultura de paz no es una consigna, es una práctica territorial" y de que "la participación de las mujeres no es simbólica, es estratégica".