Según el informe ministerial facilitado a las 09:00 hora local, la ofensiva aérea y terrestre no solo ha logrado capturar estas posiciones estratégicas, sino que también ha destruido 104 puestos de control adicionales y ha alcanzado 37 localizaciones clave en distintos puntos de Afganistán.
El balance de daños materiales facilitado por Tarar incluye la destrucción de 163 tanques y vehículos blindados pertenecientes a las fuerzas de los talibanes.
Con estas cifras, Pakistán contradice la versión de Kabul que ayer reclamaba la captura de puestos en suelo paquistaní.
Este balance masivo de bajas se produce en un contexto de extrema opacidad informativa, donde las cifras proporcionadas por ambos bandos son muy contradictorias y no han podido ser verificadas por observadores independientes.
El nombre elegido para la ofensiva, "Ghazb lil Haq" (Ira por la Verdad o Ira por la Justicia, en árabe), evoca una respuesta legítima y divina ante lo que Pakistán considera agresiones a su soberanía y el incumplimiento de los acuerdos de seguridad por parte del régimen de Kabul en relación con el refugio de grupos insurgentes.
Esta escalada militar tiene su origen en la disputa por la actividad del grupo insurgente Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), que opera en la zona fronteriza.
Islamabad acusa a los talibanes de proporcionar refugio a este grupo terrorista, mientras que Kabul niega estas acusaciones y califica el problema como un asunto de seguridad interna de Pakistán.
La actual fase de hostilidades se intensificó el pasado 22 de febrero tras un bombardeo paquistaní en la provincia de Nangarhar que dejó 17 muertos.
Desde entonces, ambos países mantienen bloqueados los pasos comerciales en la Línea Durand, la frontera de 2.640 kilómetros que separa a ambas naciones.
