"Creo que es una imprudencia, pero el país necesita dinero desesperadamente", dice a EFE Yotam Amshalom, estudiante de Jerusalén.
"El sistema de defensa antimisiles nos cuesta decenas de millones de dólares al día, y atacar a Irán y Hizbulá tampoco es barato. Fingir que la vida ha vuelto a la normalidad nos pone a todos en peligro, pero no nos queda otra si no queremos que el país se arruine sin remedio", afirma.
El cambio llega después de que el Ejército israelí anunciara ayer miércoles una flexibilización de las medidas de seguridad, tras varios días sin impactos graves de los misiles lanzados por Irán y por la milicia chií Hizbulá.
Las autoridades pasaron así del nivel de "actividad esencial" (vigente desde el inicio de la escalada) al de "actividades limitadas", lo que permite ampliar gradualmente la vida cotidiana. Desde este jueves se autorizan reuniones de hasta 50 personas, siempre que exista acceso a un espacio protegido dentro del tiempo de protección establecido por las autoridades.
También pueden operar de forma presencial los lugares de trabajo que dispongan de refugios habilitados para proteger a empleados y clientes en caso de alerta.
En Jerusalén y Tel Aviv el cambio se percibe ya en las calles. Si durante los primeros días de conflicto la actividad se limitaba a supermercados, centros médicos, bancos y otros servicios imprescindibles, ahora más negocios han decidido levantar la persiana.
Los gimnasios y las peluquerías han vuelto a abrir sus puertas, y cada vez es más habitual ver a personas paseando, tomando un café o haciendo ejercicio al aire libre.
"Hace que me sienta mejor", explica a EFE Mitch, también de Jerusalén. "Prefiero que la opción de poder ir a la sinagoga para decir el kadish (oración judía de duelo) por mi padre sea decisión mía y no de mi Gobierno", añade.
En paralelo a este debate sobre la vuelta a la rutina, algunas instituciones del país comienzan también a planificar la reapertura de sus actividades.
La Universidad Hebrea de Jerusalén, una de las más importantes del país, se prepara para retomar la actividad de sus laboratorios de investigación a partir del próximo domingo, aunque por el momento la enseñanza presencial continúa suspendida.
Incluso en el asentamiento de Maale Adumim, en Cisjordania ocupada, los signos de una cauta normalidad empiezan a aparecer. En su centro comercial han vuelto a abrir la librería, la papelería y varias tiendas de menaje de cocina, mientras que las heladerías reciben de nuevo a familias que salen a pasear.
Pese a ello, el ambiente sigue marcado por la prudencia. La mayoría de los comercios funcionan con horarios reducidos y los clientes mantienen la mirada puesta en el móvil, atentos a las aplicaciones de alerta ante posibles ataques.
En cuanto suenan las sirenas, la actividad se interrumpe y la población se dirige a los refugios más cercanos. Minutos después, la vida continúa.
"No es nada nuevo", concluye Yotam. "Para nosotros, la normalidad es esto".
