Al tomar esa decisión, ignoraron las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, que había afirmado el jueves pasado que no aceptaría que el hijo del ayatolá Alí Jamenei tomara el relevo.
También hicieron caso omiso de las amenazas del ministro de Defensa israelí, el ultraderechista Israel Katz, quien señaló que cualquier sucesor de Jamenei sería considerado un objetivo militar.
“El nombramiento del hijo de Jamenei envía un mensaje claro al exterior: el sistema cierra filas, no se está derrumbando”, apuntó Ali Vaez, del centro de reflexión International Crisis Group (ICG).
Clément Therme, investigador asociado al Instituto Internacional de Estudios Iraníes, también aludió a una elección simbólicamente fuerte, al considerar que conservar el apellido Jamenei es “muy importante para la propaganda del régimen”.
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A los 56 años de edad, Mojtaba Jamenei encarna así la continuidad de la república islámica.
“El odio a Israel y a Estados Unidos forma parte del ADN, de la ideología del régimen, que no está ligada a individuos”, dijo Therme.
Considerado aún más conservador que su padre, Mojtaba Jamenei mantiene estrechos vínculos con el nuevo comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución -el ejército ideológico de la república islámica-, Ahmad Vahidi.
También guarda lazos con el exjefe de los servicios de inteligencia, Hosein Taeb, al que conoció durante la guerra Irán-Irak.
El nombramiento del hijo del difunto guía muestra, además, que “son los sectores más duros del sistema iraní los que están hoy en el poder”, agregó Therme.
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En manos de “los más radicales”
Tras la sangrienta represión de las manifestaciones del pasado enero, el poder iraní golpea ahora también a sus vecinos del Golfo, invocando su derecho a responder a las “agresiones” de Estados Unidos e Israel.
“Para la superestructura revolucionaria, para el Estado profundo, estamos en el punto de encuentro entre el enemigo exterior y el enemigo interior”, añadió Therme.
Mojtaba Jamenei es “un mulá corriente” que “no tiene una legitimidad religiosa incuestionable”, apuntó a su vez Bernard Hourcade, especialista en Irán del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS).
En las luchas intestinas en las más altas esferas del poder en Teherán, los Guardianes de la Revolución, que orquestaron la represión a comienzos de año, han logrado una posición, dijo.
Jamenei “es un hombre en manos de los más radicales, que son quienes dirigen la guerra”.
Aún sometido a dura prueba después de una decena de días de intensos bombardeos estadounidenses e israelíes, Irán sugirió a Estados Unidos “que toda la presión económica, diplomática y militar que han ejercido solo ha servido para sustituir a un Jamenei por otro”, dijo Vaez.
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Un líder carente de apoyo
En opinión de Hourcade, los ultraconservadores iraníes pueden alegar que no hacen más que defender su patria frente a “la realidad de los bombardeos israelíes y estadounidenses”, alimentando de esa forma la espiral de radicalización.
Así, proseguir la guerra es un asunto existencial para el poder iraní, que estaba debilitado por las protestas antes del inicio de los ataques, el 28 de febrero.
Por el momento, “la guerra censura por completo la posibilidad de un cambio político en Irán”, señaló Hourcade.
Aunque miles de personas manifestaron el lunes su apoyo al nuevo guía en una plaza de la capital iraní, “lo que sabemos es que no hay una adhesión detrás de él”, agregó el investigador del CNRS.
