Tras una nueva jornada de explosiones nocturnas después de dos días de relativa calma, en el bazar de Tajrish, en el norte de Teherán apenas había gente haciendo compras a cuatro días de la fiesta más importante del país, el Noruz, que se celebra el 20 de marzo.
El sitio que en años normales estaba abarrotado por estas fechas estaba medio desértico esta mañana.
"En comparación con los días previos a la guerra mis ventas han bajado más del 90 %", cuenta a EFE Mohsen (nombre ficticio), dueño de una pastelería, al contar como la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero ha afectado drásticamente los negocios.
Según Mohsen estas fechas del año son consideradas como "la época dorada" para los comerciantes ya que las ventas siempre se disparan.
Lo mismo dice Morvarie (nombre ficticio), que tiene una tienda de cosméticos en el mismo bazar que estuvo cerrado una semana por los siete días de luto de suspensión de todas las actividades en el país como parte del luto declarado tras la muerte de Alí Jamenei, líder supremo de la República Islámica durante más de 36 años, y fallecido en el inicio de la guerra.
Aún después de la reinicio de la actividad, los negocios en este mercado y en Teherán en general siguen a medio gas ya que muchos fabricantes de la capital se han ido a otras ciudades o ni siquiera salen de sus casas.
"Todo esto ha causado que mis ventas caigan a una séptima parte con relación a hace tres semanas. No hay gente en el bazar", añadió.
La mujer de 37 años dice que por ahora no le afecta mucho a la vida diaria pero si el conflicto se alarga mucho "podría tener serios problemas económicos , especialmente con los recibos pendientes de los proveedores".
Este nuevo golpe para los negocios se produce después de años de problemas económicos y una inflación superior al 40%, además de una devaluación constante del rial, lo que desató a finales de diciembre las protestas de comerciantes de Teherán.
Esas protestas fueron el germen de la movilización general en las calles del país contra el Gobierno con manifestaciones duramente reprimidas por el régimen que causaron miles de muertos.
El Gobierno iraní reconoce 3.117 muertos, mientras organizaciones de derechos humanos opositoras como HRA, con sede en Estados Unidos, sitúan en 7.015 los fallecidos, si bien continúan verificando más de 11.700 posibles muertes y estiman unos 53.000 arrestos.
"Son días oscuros. Un Noruz triste que llega después de la trágica represión de las protestas de enero y ahora la guerra, que también ha destrozado familias", cuenta Maryam.
Las autoridades iraníes no han actualizado su balance oficial de muertos desde el 5 de marzo, cuando dio un balance oficial de 1.230 fallecidos, si bien desde entonces fuentes gubernamentales han informado de ataques puntuales en los que han muerto decenas de personas.
Por ahora no hay indicios de que la guerra vaya a acabar pronto ya que las autoridades del país tampoco se muestran dispuestas a negociar un alto el fuego.
