El recrudecimiento del conflicto con Islamabad ha obligado a más de 21.000 familias a desplazarse y abandonar sus hogares, según confirmó a EFE este martes el portavoz del Ministerio de Refugiados y Repatriación, Abdul Mutalib Haqqani.
La ofensiva, que mantiene activos los combates en la Línea Durand, la frontera que separa ambos países, se recrudeció esta madrugada con el bombardeo a un hospital en Kabul, donde el Gobierno de facto talibán denuncia una masacre de más de 400 personas.
Las fronteras reflejan una realidad compartida de norte a sur: campamentos de organismos internacionales, con recursos cada vez más escasos, despliegan carpas y material de emergencia para una población que regresa a un país sin medios para acogerlos.
En la provincia oriental de Kunar, el jefe del Departamento de Refugiados local, Mohammad Ibrahim Khail, confirmó a EFE el desplazamiento de unas 7.500 familias que malviven bajo lonas en parques y riberas de ríos.
"Nuestra vida y sustento se quedaron allí, vinimos solo con lo puesto", relató Gul Rahman Alkozai, desplazado del distrito de Sarkano. Otros, como Haleem Gul Safi, describen cómo las bombas les obligaron a cambiar sus tierras por una tienda de campaña: "Vivimos desamparados y la vida es cada día más difícil".
La situación es igualmente alarmante en el oeste. El representante de ACNUR, Arafat Jamal, alertó que unos 1.700 civiles cruzan a diario por Islam Qala huyendo de la inestabilidad en Irán.
"Muchos retornan por miedo, dicen que allí la vida ya no es posible", explicó a EFE el responsable fronterizo Mawlawi Aslam.
Se estima que 24.600 personas han retornado en las últimas semanas víctimas de un "triple desplazamiento": familias que ya eran refugiadas, fueron desplazadas por bombardeos en suelo iraní y ahora regresan a un país exhausto.
"Salimos por la guerra y la pobreza, y la guerra nos ha seguido hasta allí", relató desde uno de los campamentos Mohammad Qadir Barahani, que regresó a su país junto a su familia.
Atrapado entre las deportaciones y el recrudecimiento de la guerra en sus fronteras, Afganistán se asoma al abismo humanitario, donde el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte de que la supervivencia de más de 17 millones de personas depende de una ayuda internacional que mira a otro lado.
