“Las condiciones de vida no son fáciles. Alrededor de dos tercios de la población no tiene refugio, lo cual es verdaderamente deplorable. La gente sufre mucho cuando llueve o cuando hace demasiado sol", declaró la miembro del equipo del CICR en el campamento Noemie Niyongere en un comunicado.
Además, denunció que reciben muy poca ayuda "en comparación con la que necesitan", y que el agua de la lluvia se filtra rápidamente a través de las lonas de plástico que muchas familias usan como refugio.
El acceso a agua potable y saneamiento también constituye un "gran desafío" en el campamento y, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones humanitarias por aumentar el suministro de agua y construir letrinas, muchos refugiados aún deben caminar largas distancias fuera del campamento para recoger agua potable.
Los combates en el este de la RDC entre el Gobierno y diferentes grupos armados han obligado a miles de personas a cruzar la frontera hacia Burundi, donde familias como la de Esperance Sakina Hatari llegaron con "poco más de lo que podían cargar, según el CICR.
Hatari, que proviene de la aldea de Mutarale (provincia de Kivu del Sur), llegó en diciembre de 2025 y ahora se dedica a fabricar carbón vegetal cerca de la entrada del campamento.
“No es fácil para nosotros, los refugiados, porque lo dejamos todo atrás cuando huimos. Nos fuimos sin nada. Vinimos con nuestros hijos, nada más. Algunos no tenemos comida, ni techo, ni mantas. Dormimos en el suelo, y los niños se mueren de frío y hambre”, dijo Hatari al CICR.
La refugiada detalló que durante el viaje se separó de su marido, y que ahora se encuentra sola con sus hijos, una situación que experimentan numerosas familias, que en muchas casos desconocen el paradero de sus seres queridos.
Por su parte, Anastasie Cubwa, desplazada en varias ocasiones, relató cómo tuvo que recoger a sus niños e irse de su casa tras volver a ella después de siete años en el campamento de Bwagiriza (Burundi).
“Estábamos cansados de las difíciles condiciones de vida y decidimos regresar a casa. La crisis nos tomó por sorpresa al llegar", dijo Cubwa.
"Una bomba mató a varias personas; otra cayó en una colina; y otra aterrizó detrás de las casas donde estábamos. Agarré a los niños y nos fuimos”, añadió.
Desde 1998, el este de la RDC está sumido en un conflicto alimentado por milicias rebeldes y el Ejército, pese a la presencia de la misión de paz de la ONU (Monusco).
